lunes, 10 de abril de 2017

LIBERTIA - CAPÍTULO V



                                                               LIBERTIA

                                                            CAPÍTULO V

                                                                  TOMY



Ver morir un animal no es nada agradable ni siquiera para una mosca, y el perro ese se estaba muriendo.

Tal vez por eso, porque la muerte no solo podía verse sino también olerse en ese can que intentaba robarle una bocanada más de oxígeno a la vida, Libertia sintió compasión por él.

Las otras moscas preferían poner sus huevos sobre las heridas que el auto había provocado sobre el cuerpo del moribundo a sabiendas de que, el pobre, ya no podía mover su cola, sus orejas o sacudir su cuerpo para espantarlas.

Libertia se posó sobre la nariz de la bestia herida. Sabía que él hubiera preferido otra vista para sus últimos minutos. La imagen de su amo. De la plaza donde alguna vez hubiera jugado con otros de su raza. Un apetitoso trozo de carne.

Pero pensó que, quizás, le hiciera bien saber que un ser vivo, por más diminuto y nauseabundo como ella, le estaba dedicando algo de tiempo.

Quién sabe cómo lo habrían llamado los humanos. León, Sultán, Tomy. Ahora solo era un perro.

Libertia acarició el gigantesco hocico con sus patitas.

Boby, Lanudo o como se hubiera llamado, sacó su lengua, dio un respiro profundo y dejó de existir.

Libertia guardó silencio mientras sus congéneres continuaban zumbando alegremente sobre las heridas.

Pronto llegarían otros perros que se disputarían los trozos del extinguido y, también ellas, tendrían que emigrar para no ser devoradas.

Tal vez, pensó Libertia, sacó su lengua para lamerme, para darme un beso de agradecimiento por permanecer a su lado y las fuerzas no le permitieron expresar su gratitud.

Caminó por la trompa ya tiesa hasta llegar, casi, a tocar los ojos lagañosos y vacíos.

¿Quién se aproximaría hasta ella cuando fueran sus últimos segundos?

Tomy, si, Tomy era un nombre digno para él.

Cuando, a su regreso al chiquero, otras moscas le preguntaran sobre qué había conocido en la ciudad, ella les hablaría de Tomy, un gigante peludo, hermoso, que vivía en la más hermosa de las residencias de los humanos.

Los aullidos de otros perros hambrientos se hicieron cada vez más cercanos.

Tuvo que luchar un poco con el viento antes de emprender el vuelo.