martes, 1 de noviembre de 2016

EL VAMPIRO



                                          EL VAMPIRO



Ni él mismo podía creerlo. 
Su éxito era  total, absoluto.  
Solo bastaba que un cuerpo deshabitado de sangre, un cuello rasgado, unos ojos desarraigados, aparecieran, desposeídos de alma, en una esquina oscura. Todos irían tras el único, el abominable, el satánico conde Dracúl,  sinónimo del mal.


Ya no podría ocultarse. Vlad Tepes era el nombre del error, del terror, del espanto. Ya no la duda sino la certeza arrojarían sus rastros sobre la  identidad del vampiro. ¿Quién se atrevería, ahora, a sospechar del encantador, del cándido, del inocente Bram Stocker?