lunes, 12 de septiembre de 2016

OTRA HISTORIA DE AMOR



                                                OTRA HISTORIA DE AMOR

Dejáme pensar en que dormís desnuda.
Dejáme creer que, todas las mañanas, cuando abrís tus ojos, abrazas tu cuerpo como si yo lo hiciera y tus manos son las mías y acariciás tu piel, tus labios y besás y lamés tus dedos…y los mordés…y tu cabello rebota contra la almohada mientras arañás la sábana dejando en ella las marcas de tus uñas.
Dejáme suponer que, en la ducha,  soy el agua que busca tus secretos, tus sueños, tus deseos, tus rincones y me sumerjo en tus cuencos y exploto en géiseres al sonido de tus gemidos que escapan por la ventana de tu baño, provocando la envidia de las vecinas.
Dejáme imaginar que, ya en la calle, soy el sol que entibia tu rostro y el viento que se filtra entre tus cabellos y tus ropas.
Dejáme inventar que soy ese que te acompaña a todos lados y te protege y comparte tus alegrías y tus penas y vos..., si, vos, lo sabes.
Porque, a pesar de ser todo esto,  la baldosa que pisás,  la luna que te ilumina por las noches y ese que te ha amado hasta lo incomprensible, no puedo más que ser el otro.
Ese que es prisionero de su propio silencio.
Y de qué sirve que todos te veneren o haber creado los cielos y la tierra. Es decir, para qué quiero ser Dios si no puedo acariciar a la única mujer de la que estuvo enamorado.