lunes, 5 de septiembre de 2016

PAPÁ

                                                         PAPÁ

-¡¡¡Sos un hijo de puta. Sos un hijo de puta!!!-.
La muchacha  no cesaba de dar golpes sobre el pecho del hombre. Era como una batería de cañones descargando sobre un objetivo desguarnecido. Como que los puentes levadizos de los brazos de aquel ser cansado, hubiesen roto sus cadenas para dejarse caer a los costados del cuerpo. Como que necesitase de esos golpes para poder seguir sobreviviendo.
Hubiera querido alzar esos puentes levadizos para rodearla con ellos y hacerle sentir esa protección que no le había podido brindar hasta ese momento, pero no pudo.
Afuera, sobre la vereda de tierra, los chicos jugaban con los perros.
-¿Y qué querés ahora?-  le espetó ella en el rostro.
-No sé, resarcirte, estar, no sé- respondió el hombre sin poder sostenerle la mirada.
¿Qué sentido tenía ahora su aparición después de los muchos sufrimientos que habían tenido que sobrellevar con su madre, a la cual su pareja había abandonado cuando quedó embarazada de ella?
La niña, cansada por el esfuerzo, se dejó caer sobre una de las sillas de madera. –Ella siempre hablaba de vos, de cuanto te había querido, de las veces en que te necesitaba, pero vos no estabas, ni siquiera en una foto-.
-Sé que lo que hice está mal. Yo también la quería. La amaba mas que a cualquier ser en el mundo, pero tuve que sacrificar ese amor por egoísmo. Por avaricia. Sé que quedándome al lado de ella, al lado tuyo, hubiera sido mucho mas rico que con todo el dinero que mis padres me heredaron por haber renunciado a tu madre, pero cuando me dijo que estaba embarazada de vos me asusté, y cuando uno se asusta, lo primero que tiende a hacer es salir corriendo o esconderse debajo de una roca-.
-¿Y ahora qué?-  preguntó ella con la mirada perdida en los trastos de cocina que se amontonaban sobre la pileta-.
-No sé- respondió él. Extrajo un sobre del interior de su saco y lo depositó sobre la mesa – por lo pronto espero que esto te ayude para salir de acá. No es mucho. No es nada a comparación de las privaciones que, tu madre y vos, pasaron mientras yo me ocupaba de mi ascenso económico- pero te prometo que para navidad voy a pasar a visitarte-
-No prometas lo que no vas a cumplir-
-Te prometo que, para navidad, o cuando pueda, voy a pasar a visitarte. No te pido que me perdones. Sé que lo que hice no se puede disculpar pero, por lo menos, permitime ayudarte, estar a tu lado hasta que ya no me necesites-.

Se levantó y se iba caminando hacia la puerta de salida cuando la palabra lo hizo detenerse, transformarse en una estatua – Papá!!- gritó ella y, rompiendo en llanto, corrió hasta él para envolverlo en un abrazo al que, ésta vez, sus brazos respondieron de la misma manera.
Mientras la limousine se alejaba, la vio transformarse en un punto diminuto. 
-¿Diecisiete?- le preguntó Samuel, su chofer.
-¿Cómo?- respondió él enjugándose las lágrimas de los ojos.
-Digo si diecisiete-
-Dieciocho- respondió él. Pero me hubiera gustado que lo de Jazmín, ésta última, fuera real-
-¿Y no hay posibilidad?-
-No, soy estéril… y nunca conocí a su madre-.
Abrió la notebook que reposaba en el compartimiento del auto y buscó en el archivo de muchachas que hacía poco habían quedado huérfanas de madre y nunca habían conocido a sus padres.
- María Lozano- dijo. -¿Queda muy lejos Villa Orellano de acá?- -Unos doscientos treinta kilómetros- respondió Samuel. 
–Tenés ganas de manejar?- le preguntó
- Es lo que más me gusta hacer- dijo el chofer.