domingo, 14 de agosto de 2016

EL MAR



                                                                EL MAR

Quedó paralizado.
Tantas veces le habían hablado de él y, ahora, allí estaba, justo delante suyo.
Entrecerró los ojos asombrados, exageradamente abiertos, cuando se halló a su frente, para que el sol no lo cegara.
La boca le pedía a su cerebro que le entregara una palabra para explicar lo que estaba experimentando o, por lo menos, algo que atenuara el ritmo de su corazón empecinado en golpetear cada vez más fuerte.
Imaginó los cardúmenes de peces jugando a ver quién era el más colorido.
Tesoros derramados por galeones heridos que aligeraron, inútilmente, sus cargas en pos de derrotar al naufragio inminente.
De repente sintió miedo.
¿Y si Moby Dick, la ballena de los cuentos que su madre le había leído sentada sobre la cornisa de su cama, emergía de las aguas, intentando transportarlo a las profundidades?.
-¡¡Carlitos!!-. La voz le llegó desde unos diez metros. –¡¡Ni se te ocurra meterte en ese charco que tenés las zapatillas nuevas!!-.
-Bueno mamá-, respondió.
Metió sus manos en los bolsillos. Bordeando el pequeño estero estaba cuando se topó con la enorme planta de gomero de la casa de Doña Cata. -¡¡Guau!!-, se dijo – ¡¡seguramente nació de una habichuela!!!- .