martes, 15 de marzo de 2016

LA PRUEBA DEL DELITO

                                  LA PRUEBA DEL DELITO

Era sangre. Si. Sin duda alguna, lo que tenía el trozo de madera astillada en su extremo era sangre.
Además, esparcido sobre el césped y cubriendo un área considerable, el líquido había ocupado territorio.
La policía fue debidamente informada y, en un par de horas, dos detectives de homicidios y catorce agentes fueron asignados al caso.
A causa de la superficie áspera de la prueba del delito, fue inútil intentar tomar huellas digitales de ella. Se le extrajeron muestras del líquido rojo que recubría su vértice y se la guardó en una bolsa de polietileno.
De todas maneras, no se pudo establecer la procedencia del fluido, al analizar grupo y factor.
Los primeros meses, la investigación fue intensa. Poco a poco, los oficiales a cargo fueron dándose por vencidos.
Muchas historias se tejieron en torno al hallazgo.
Algunos, lo atribuían a la desaparición repentina de la esposa del señor Ordóñez.
Otros, a la defensa de alguna posible víctima de un ataque por parte de un animal enfurecido.
Además, y como era de suponer, no podían faltar los místicos que adjudicaban el hecho a la destrucción de algún vampiro o ser sobrenatural.  

Nadie, jamás, pudo saber qué fue lo que sucedió esa noche. Mientras tanto, en los depósitos de la policía, mas específicamente, dentro de la bolsa de plástico clasificada, el madero seguía sangrando.