miércoles, 28 de septiembre de 2016

LA ÚLTIMA TARDE o KONG



                            LA ÚLTIMA TARDE o KONG

Entonces la tomo a ella de la cintura y comienzo mi huída hacia la cima de esa montaña de hierro y vidrio donde, nidos de pájaros de cuatro alas que escupen fuego que lastima, me esperan.
La ciño y su rostro da perfectamente contra el mío. Sus enormes ojos, su nariz delicada, sus labios de lava.
Su respiración pega contra mi hocico que se desespera por besarla, porque donde los otros vieron sus propias conciencias, fantasmas y horrores, ella me vio a mí, en mi verdadera dimensión.

martes, 20 de septiembre de 2016

A MEDIDA QUE EL DÍA TRANSCURRE



                     A MEDIDA QUE EL DÍA TRANSCURRE       
                 
Arquímedes Soriasus despierta pensando en un cuento. Mientras se asea, los colores, los aromas y los sabores del relato se van instalando en sus sentidos y la narración va tomando forma dentro de él y él mismo, mientras camina por la calle,  forma parte de ella. Arquímedes Soriasus quisiera escribir esa épica pero tiene que entrar a la fábrica y, cuando el horario de salida arriba, ya no quedan en su memoria rastros de esa ficción que tan vivo lo mantuvo apenas comenzada la jornada. Y Arquímedes Soriasus se va a dormir cansado y triste por no poder recordar su relato sin saber que, a la aurora siguiente y  tal como sucedió la jornada anterior y la anterior a la anterior y acontecerán los días sucesivos, volverá a fecundar esa historia tan exacta y perfecta como la concibió esa mañana para que, a medida que el día transcurra, se borre de su mente total y absolutamente.

lunes, 12 de septiembre de 2016

OTRA HISTORIA DE AMOR



                                                OTRA HISTORIA DE AMOR

Dejáme pensar en que dormís desnuda.
Dejáme creer que, todas las mañanas, cuando abrís tus ojos, abrazas tu cuerpo como si yo lo hiciera y tus manos son las mías y acariciás tu piel, tus labios y besás y lamés tus dedos…y los mordés…y tu cabello rebota contra la almohada mientras arañás la sábana dejando en ella las marcas de tus uñas.
Dejáme suponer que, en la ducha,  soy el agua que busca tus secretos, tus sueños, tus deseos, tus rincones y me sumerjo en tus cuencos y exploto en géiseres al sonido de tus gemidos que escapan por la ventana de tu baño, provocando la envidia de las vecinas.
Dejáme imaginar que, ya en la calle, soy el sol que entibia tu rostro y el viento que se filtra entre tus cabellos y tus ropas.
Dejáme inventar que soy ese que te acompaña a todos lados y te protege y comparte tus alegrías y tus penas y vos..., si, vos, lo sabes.
Porque, a pesar de ser todo esto,  la baldosa que pisás,  la luna que te ilumina por las noches y ese que te ha amado hasta lo incomprensible, no puedo más que ser el otro.
Ese que es prisionero de su propio silencio.
Y de qué sirve que todos te veneren o haber creado los cielos y la tierra. Es decir, para qué quiero ser Dios si no puedo acariciar a la única mujer de la que estuvo enamorado.

lunes, 5 de septiembre de 2016

PAPÁ

                                                         PAPÁ

-¡¡¡Sos un hijo de puta. Sos un hijo de puta!!!-.
La muchacha  no cesaba de dar golpes sobre el pecho del hombre. Era como una batería de cañones descargando sobre un objetivo desguarnecido. Como que los puentes levadizos de los brazos de aquel ser cansado, hubiesen roto sus cadenas para dejarse caer a los costados del cuerpo. Como que necesitase de esos golpes para poder seguir sobreviviendo.
Hubiera querido alzar esos puentes levadizos para rodearla con ellos y hacerle sentir esa protección que no le había podido brindar hasta ese momento, pero no pudo.
Afuera, sobre la vereda de tierra, los chicos jugaban con los perros.
-¿Y qué querés ahora?-  le espetó ella en el rostro.
-No sé, resarcirte, estar, no sé- respondió el hombre sin poder sostenerle la mirada.
¿Qué sentido tenía ahora su aparición después de los muchos sufrimientos que habían tenido que sobrellevar con su madre, a la cual su pareja había abandonado cuando quedó embarazada de ella?
La niña, cansada por el esfuerzo, se dejó caer sobre una de las sillas de madera. –Ella siempre hablaba de vos, de cuanto te había querido, de las veces en que te necesitaba, pero vos no estabas, ni siquiera en una foto-.
-Sé que lo que hice está mal. Yo también la quería. La amaba mas que a cualquier ser en el mundo, pero tuve que sacrificar ese amor por egoísmo. Por avaricia. Sé que quedándome al lado de ella, al lado tuyo, hubiera sido mucho mas rico que con todo el dinero que mis padres me heredaron por haber renunciado a tu madre, pero cuando me dijo que estaba embarazada de vos me asusté, y cuando uno se asusta, lo primero que tiende a hacer es salir corriendo o esconderse debajo de una roca-.
-¿Y ahora qué?-  preguntó ella con la mirada perdida en los trastos de cocina que se amontonaban sobre la pileta-.
-No sé- respondió él. Extrajo un sobre del interior de su saco y lo depositó sobre la mesa – por lo pronto espero que esto te ayude para salir de acá. No es mucho. No es nada a comparación de las privaciones que, tu madre y vos, pasaron mientras yo me ocupaba de mi ascenso económico- pero te prometo que para navidad voy a pasar a visitarte-
-No prometas lo que no vas a cumplir-
-Te prometo que, para navidad, o cuando pueda, voy a pasar a visitarte. No te pido que me perdones. Sé que lo que hice no se puede disculpar pero, por lo menos, permitime ayudarte, estar a tu lado hasta que ya no me necesites-.

Se levantó y se iba caminando hacia la puerta de salida cuando la palabra lo hizo detenerse, transformarse en una estatua – Papá!!- gritó ella y, rompiendo en llanto, corrió hasta él para envolverlo en un abrazo al que, ésta vez, sus brazos respondieron de la misma manera.
Mientras la limousine se alejaba, la vio transformarse en un punto diminuto. 
-¿Diecisiete?- le preguntó Samuel, su chofer.
-¿Cómo?- respondió él enjugándose las lágrimas de los ojos.
-Digo si diecisiete-
-Dieciocho- respondió él. Pero me hubiera gustado que lo de Jazmín, ésta última, fuera real-
-¿Y no hay posibilidad?-
-No, soy estéril… y nunca conocí a su madre-.
Abrió la notebook que reposaba en el compartimiento del auto y buscó en el archivo de muchachas que hacía poco habían quedado huérfanas de madre y nunca habían conocido a sus padres.
- María Lozano- dijo. -¿Queda muy lejos Villa Orellano de acá?- -Unos doscientos treinta kilómetros- respondió Samuel. 
–Tenés ganas de manejar?- le preguntó
- Es lo que más me gusta hacer- dijo el chofer.