viernes, 4 de diciembre de 2015

¡¡SALUD LA BARRA!!



                                          ¡¡SALUD LA BARRA!!


-¡¡Salud la barra!!- dijo con ímpetu mientras entraba al bar. Ninguno le contestó. Ni el Mudo, ni el Tatui, ni el Beto. -¡¡Salud la barra!!- repitió. Ni Mario ni Orteguita respondieron. Tampoco el Gallego acusó recibo al pedido del amargo que el Juan tomaba todos los días. Pasó a su lado una, dos, cien veces, ignorando su presencia.
Juan se levantó de la mesa donde se había ubicado y se acercó a los muchachos, que no contaban con la algarabía que, a diario, los diferenciaba del resto de las mesas.
-¡Que terrible!- dijo el Mudo -¿quién lo iba a pensar?- sumó el Andrés –tan joven y tan bromista que era- agregó el Alberto.

-¿Che, dónde lo velan al Juan?-. La voz del Turco le pegó en la espalda -¿cómo que me velan?- dijo Juan. Ninguno lo escuchó.
Una sensación de ahogo lo inundó de cuerpo entero -¿qué pasa muchachos, no me ven?- dijo desencajado. Sin conseguir réplica alguna de parte de los otros. Trató de recordar lo que había sucedido la noche anterior pero no pudo.
-Muchachos ¿Qué están diciendo?,¡ estoy acá!!- gritó inútilmente.
Le tocó a uno en la cabeza, sacudió a otro, volteó una copa sobre la mesa. Nada. Todo era inútil. Nadie se percató de su presencia.
Desesperado, se lanzó en loca carrera hacia el exterior del bar y se perdió por la cortada. -¿A dónde vas?- le dijo el Turco al Adrián, tomándolo del brazo- -no podes ser tan hijo de puta, Turco- respondió Adrián- esa joda es muy pesada- -son las mismas bromas que hace él, así va a aprender - respondió el Turco.
-¡¡Che!!!- el grito de Fernando entrando, estrepitosamente, por la puerta, los paralizó a todos - ¿se enteraron de lo que le pasó ayer al Juan, cuando se fue de acá?- dijo.