domingo, 25 de octubre de 2015

LA ÚLTIMA BALA

                                                    LA ÚLTIMA BALA 

Era la última bala que le quedaba. Solo una. La mínima expresión. Una cápsula brillante aguardando ser detonada para mostrarle al mundo su furia. Una bala, similar a la enclavada en el ojo de la luna en los afiches de la película de "Georges Méliés".
Una bala, terca, expectante, ansiosa. Una nave espacial dispuesta a sacrificar la vaina para que el plomo cumpla con su destino. Un acto de amor, si así se quiere. 
Ellos no iban a esperar. Estaban, quizás, mas desesperados que el proyectil por disparar sus armas. Nerviosos, sudorosos, habían aguardado demasiado. 
-¡¡Atilio!!- gritó -¿No era que el pedido llegaba hoy?-. Atilio ni siquiera levantó la mirada. Sabía que los proveedores les habían cortado las entregas hacía rato, por falta de pago. Siguió limpiando la escopeta de dos caños mientras escuchaba a los clientes marcharse furiosos, en busca de otra armería. Atilio escuchó al viejo Gómez sacar nuevamente el revólver del cajón, abrir el cilindro y cargarlo con esa maldita bala que, parecía, nunca iba a dignarse a detonar.