domingo, 27 de septiembre de 2015

AMIGO INVISIBLE



                 
                       AMIGO INVISIBLE



En esos instantes en que la soledad aprieta, él está allí, escuchándome, abriendo su pecho, brindando una palabra amiga.

Llegó a mi vida cuando yo cumplía los siete años. Fue en el momento, en que estaba por acostarme, que advertí la caja rosada con puntitos amarillos, violetas  y verdes, tal como es su cuerpo,  y que, aparentemente, ninguno de mis invitados había traído, desde donde salió para incorporarse a mi vida como el asombro, como la alegría, como la tristeza, como todas esas sensaciones que arriban a uno desde quién sabe qué lugar y que nos acompañan hasta los instantes últimos.

Algunas veces, para abrazarlo, tengo que subirme a un banquito. Calculo que es porque, ya era alto en el momento en que llegó a mí, pero, por tener mi misma edad, crece a la par mía.

Siempre está sonriendo, y diciendo chistes que yo no sé cómo es que se le ocurren y, si estoy triste, se saca su redonda nariz anaranjada y sus dos orejas enormes y comienza a hacer malabares con ellas, mientras baila tap sobre sus ojotas con plataforma.

Fue él, el que me enseñó a jugar a la pelota. A saber qué autores debía elegir a la hora de optar por un libro. A sumergir las vainillas en el café con leche. Fue él quien me ayudó a vencer mi timidez para invitarla a salir a Marta por primera vez.

Lo que siempre me pregunté, es, por qué, cuando estamos frente a otras personas, los demás lo ven a él y no a mi