viernes, 21 de agosto de 2015

BEBER, BEBER, BEBER

                                                  BEBER, BEBER, BEBER

El  primer trago le provocó ardor en la garganta. Tuvo que toser para sentirse algo mejor. 
El segundo golpeó sus sienes como tambores en una obertura, aturdiéndolo hasta, casi, el límite con la locura. 
Intentó incorporarse, luego del tercero. Todo daba vueltas en su cabeza. 
Después de vomitar, experimentó  algo de alivio. 
Ahora si, el líquido podía derramarse en su boca devolviéndole el valor y la confianza perdidos. 
Aún quedaban cientos de kilómetros por recorrer pero, el de turbante, le había dejado una cantimplora llena.