sábado, 8 de agosto de 2015

VIDA DE PERROS


                                          VIDA DE PERROS 
       

Mi perro duerme. Tiene el sueño frágil y es por eso que, sin duda alguna, cuando yo haga un movimiento, por mas leve que sea, él despertará. Comenzará a agitar su cola aceleradamente, como si fuesen las alas de un colibrí, pensando que, seguramente, yo acudiré de inmediato a su encuentro para ofrecerle mis caricias, pero debo apurarme para no llegar tarde al trabajo.  Mi perro no comprende. Sabe que dispongo de 980 de sus años para estar en ésta tierra y no cuento con cinco minutos para compartir con él. Sabe que soy una especie de Gilgamesh cuya eternidad tiene que ser ocupada para no llenarse de vacíos y lo entiende.  Sabe que lo quiero y que me hace muy feliz estar con él, aunque no pueda sacudir mi rabo para demostrárselo. Entonces rasca sus pulgas, vuelve a su cucha y simula seguir durmiendo para no molestarme.