viernes, 24 de julio de 2015

POSEÍDO



                                               POSEÍDO

Algunos de los chicos, enfundadas sus manitas en guantes de lana y protegidos sus cuerpos con pesados abrigos,  intentaban adivinar formas en la mancha verde que, sobre la pared de la habitación, había dibujado Timmy, con el líquido expulsado por su boca.
Otros, trataban de capturar objetos que volaban en el recinto mientras, un par de ellos, habían atado a la cama al pequeño y, asidos a las cuerdas, se sacudían sobre ésta como si estuvieran en un cuadrado zamba, de esos de los parques de diversiones.
Los golpes de la aldaba de bronce sobre el portal hicieron que todos se callaran en el horfanato.
-Buenas tardes- saludó la hermana Angélica cuando salió para ver quién era.
-Buenas tardes- contestó el anciano –soy el padre Ralph y vengo porque, desde aquí y hace algunas semanas, llamaron solicitando un exorcismo-
-Lo siento- contestó Sor Angélica, -debe ser un error-
-Imposible- dijo el religioso –nuestro registro es infalible-
-Ahhhh, ya entiendo- interrumpió la hermana –, debe haber sido uno de los huérfanos, son terribles, le pido mil disculpas por su tiempo, padre-.
Hubo un breve silencio. -¿Todo bien?- preguntó el hombre.
-Todo bien-, respondió la novicia.
Antes de marcharse, y ya sobre la vereda, el padre Ralph alzó su vista hacia el ventanal y pudo distinguir a los chiquillos  que saltaban y jugaban como jamás había visto en hospicio alguno. Dentro del cuarto, todos aplaudían a rabiar. Timmy había vuelto a girar su cabeza trescientos sesenta grados. Sonrió feliz y saludó con una reverencia.