lunes, 20 de julio de 2015

...Y NUNCA MAS LO VÍ

                                              ... Y NUNCA MAS LO VÍ 




….”Y nunca mas lo vi” puede resultar, sin duda, un final efectivo para algunas historias. Tiene algo de misterio, algo de sabor amargo y, hasta diría, una pizca de melancolía.
No creo que exista, haya existido o esté por existir narrador (escrito, oral, cinematográfico) que no haya utilizado ese recurso. No digo que sea un facilismo. Al…y nunca mas lo vi, tiene que precederle una historia que haya sabido llevar al lector, escucha o espectador, hasta ese final al que valía la pena arribar, caso contrario, el… “y nunca mas lo vi”, nunca será visto.
Lo que estoy por narrar, no es, precisamente, el ejemplo de lo que acabo de mencionar, es mas, lo seguí viendo, muy a mi pesar. No fue en esa ocasión en la que el tipo me pareció una montaña a la que no se puede acceder a su cúspide ni con helicóptero, ni siendo, siquiera, una nube, o un dios, que lo vi por última vez.  
No llegó de la nada, conocía su historia y, tal vez por eso, fue que se ganó mi respeto y mi admiración.
Tal vez si hubiera sido un héroe o lo hubiera antecedido cierta fama, no me habría causado ese efecto, pero sabía que era un hombre común, con una vida común y, hasta con sueños comunes y fue por eso que se hizo acreedor de mis elogios. ¿De dónde nacen los actos de justicia?, me pregunté días después, ¿del respeto a uno mismo?, ¿del respeto a los demás?, ¿del amor?, ¿del odio?, ¿del miedo?
¿De donde sacó las fuerzas para voltear a los tres mastodontes que estaban amedrentando a esos trabajadores?. Tampoco sé que fue lo que le pasó después, cuando le ofrecieron ese puesto, fruto de la fama que había obtenido.
Lo cierto es que yo hubiera congelado su imagen ese día, como si hubiera nacido solo con el propósito de ese acto para morir inmediatamente luego, pero lo seguí viendo, lo seguí viendo traicionar a aquellos que, a partir de ese momento, empezaron a creer en él, lo seguí viendo creyéndose el elegido y olvidarse de su esencia, lo seguí viendo a pesar de pintar todos los espejos, reflejado en los charcos de agua y en los vidrios de los escaparates que exhiben las ropas de moda, esas que nunca antes se hubiera detenido a ver.