miércoles, 15 de julio de 2015

DECÍME QUE SI

                                                        DECÍME QUE SI

Si bien me encantó la fachada, lo que me indujo, realmente, a entrar a ese bar, fue el nombre. "DECÍME QUE SÍ".. Me pareció ciertamente original, como me parecen originales la mayoría de los nombres de los negocios instalados por jóvenes. Pymes, según los rotulan los del estado. Pequeñas y medianas empresas. Aunque si tomás como referencia los sueños de los pibes esos que están detrás de sus inicios (no me gusta la palabra emprendimiento), si les ponés el rótulo de "Enormes empresas", seguramente les queda chico. 
Los bares de antes se limitaban a colgar sobre sus entradas carteles que anunciaban identificaciones que tenían que ver con la calle donde estaban instalados : Bar Arijón, Café Sarmiento, Restaurant Lucero, no daban mas que la referencia a un sitio geográfico. Nada que reflejara la personalidad de quien había elegido ese sitio para hacer crecer sus ganas. 
Después vino una generación intermedia que se animaba a mas. Ya no solo podían verse a los parroquianos en sitios que repetían lo que decía el cartel de la esquina donde se hallaban ubicados, sino que osaban apropiarse del nombre de un barrio, de un cantante (fuere del género que fuere), de un teatro cercano y hasta de otros países. 
Pero nombres como "Oh, la la", "Pequeñita mía", o "Las chicas solo quieren divertirse", me remiten a una osadía, a una falta de estructura, a una frescura que solo los jóvenes pueden transmitir. 
No me quise sentar a una mesa. 
La barra, perfectamente diseñada, imitando los bodegones donde taitas y malevos tejían sus telarañas para atrapar a las muchachas que caían a la hora del bailongo, me atrajo apenas transpuse la entrada. 
-Un cafecito- le dije a la piba que atendía, mientras me acomodaba en una de las butacas. 
-Decíme que si- le dije, mientras me acercaba el pedido. Ella se detuvo como ofuscada, esputándome un -¿qué?- frío y violento. 
-Perdón- me excusé. -Es que me fascina el nombre del bar "Decíme que sí". Realmente ingenioso y original. ¿Fué idea tuya?- le pregunté con una cara que, si la describiera como de idiota estaría elogiándola. 
-No- me respondió ella -de él-. 
El tipo casi ni se veía dentro del salón. 
Traía puesto un saco gastado y una camisa arrugada. 
Ya ni se le podía adivinar la edad porque parecía que hubiese venido desde antes del inicio de los tiempos y, a la vez, que nunca hubiera nacido. 
Me dí vuelta y le pregunté, incrédulo, a la muchacha -¿de él?-.
Ella asintió con la cabeza sin emitir palabra. 
Volví mi vista hacia el hombre. Tenía la mirada fija en la silla que estaba del otro lado de la mesa, como si esperara una respuesta que jamás iba a llegar.