jueves, 5 de marzo de 2015

ESOS AUTOS QUE SE ALEJAN



                                             ESOS AUTOS QUE SE ALEJAN

La vió subirse al auto y darle un beso en los labios. Un beso largo, interminable, como sus noches. Cuando ella subió al auto, antes que cerrara la puerta, él pudo espiar cómo la pollera se enrollaba y dejaba ver esas piernas con las que él había soñado tantas noches. El conductor apartó una de sus manos del volante para posarla sobre el busto de ella y ella la sostuvo con la propia, como temiendo que él la retirara.
Era uno de esos autos nuevos, con los faros enojados, como los hacen ahora.
Al cerrarse la portezuela, los vidrios polarizados impidieron ver lo que sucedía en su interior, aunque él podía imaginarlo perfectamente.
Alguna vez lo había acariciado, alguna vez le había entregado su sonrisa pero sabía que allí terminaba todo.
Una patada en las costillas ,que no supo de donde vino, lo hizo aullar de dolor -¡¡Fuera, mierda!!!-. Salió corriendo hasta la esquina, se rascó las pulgas y se quedó sentado viendo como el vehículo se alejaba.