miércoles, 25 de noviembre de 2015

THRILLER

                                                     THRILLER

Que no te quepa duda. Ese es el sonido de sus pies arrastrándose. Son los zombies, los muertos vivos que deambulan, famélicos, por la oscuridad a la que los condenamos.
Son los fantasmas de Tom Sawyer, de Caperucita Roja, de Frankenstein, de Gregom Samsa, de Funes, el memorioso.
Son los espectros de los personajes olvidados, aguardando a que, algún lector, abra la tapa de ese libro, para saltar sobre él y devorarle el cerebro.

martes, 10 de noviembre de 2015

LA MANCHA DE TINTA



                                                LA MANCHA DE TINTA

Sintió que ya no era él, que su historia no le pertenecía. Cada uno de sus personajes había sido creado en su interior. No en su cabeza. No en su corazón. En su vientre. Cada uno concebido, alimentado, protegido. Los sintió crecer,  palpitar, desarrollarse y germinar dentro suyo como brote en primavera. Los parió, los educó, les dio una historia.
De pronto, como una revelación, la pregunta le llegó.
¿Y si los personajes no eran los de sus cuentos sino él?, ¿Si, en realidad, eran ellos los que habían ido construyendo su vida a través de sus historias?
¿Y si era él aquel muchacho nacido con el violín incrustado en su hombro y la prostituta virgen asesinada?, ¿Y si era él, el marciano que solo podía pronunciar la palabra amor una sola vez en su vida?
Sintió una cosa oprimiéndole el pecho que necesitaba ser liberada y gritó, y se quitó los lentes porque habían comenzado a empañarse y sus lágrimas se estrellaron contra el papel y estallaron como fuegos artificiales, pero no eran lágrimas transparentes, eran azules, como si fueran de tinta y cada una, al impactar, se transformaba en una letra, en un signo, hasta en un espacio.
Cuando, a la mañana siguiente, su madre miró desde la puerta de la cocina, vió una lapicera y un par de lentes sobre la mesa. A su lado,  al lado de ellos, una hoja de papel sobre la que se esparcía algo parecido a  una mancha de tinta. Se acercó despacio, tomó la hoja y vió que ,lo que de lejos, era una mancha, no era tal cosa sino un universo de letras salpicadas como estrellas formando constelaciones de palabras que formaban un relato, un relato que tenía como título, el nombre de su hijo.