domingo, 27 de septiembre de 2015

AMIGO INVISIBLE



                 
                       AMIGO INVISIBLE



En esos instantes en que la soledad aprieta, él está allí, escuchándome, abriendo su pecho, brindando una palabra amiga.

Llegó a mi vida cuando yo cumplía los siete años. Fue en el momento, en que estaba por acostarme, que advertí la caja rosada con puntitos amarillos, violetas  y verdes, tal como es su cuerpo,  y que, aparentemente, ninguno de mis invitados había traído, desde donde salió para incorporarse a mi vida como el asombro, como la alegría, como la tristeza, como todas esas sensaciones que arriban a uno desde quién sabe qué lugar y que nos acompañan hasta los instantes últimos.

Algunas veces, para abrazarlo, tengo que subirme a un banquito. Calculo que es porque, ya era alto en el momento en que llegó a mí, pero, por tener mi misma edad, crece a la par mía.

Siempre está sonriendo, y diciendo chistes que yo no sé cómo es que se le ocurren y, si estoy triste, se saca su redonda nariz anaranjada y sus dos orejas enormes y comienza a hacer malabares con ellas, mientras baila tap sobre sus ojotas con plataforma.

Fue él, el que me enseñó a jugar a la pelota. A saber qué autores debía elegir a la hora de optar por un libro. A sumergir las vainillas en el café con leche. Fue él quien me ayudó a vencer mi timidez para invitarla a salir a Marta por primera vez.

Lo que siempre me pregunté, es, por qué, cuando estamos frente a otras personas, los demás lo ven a él y no a mi

sábado, 26 de septiembre de 2015

SÉPTIMO DÍA



                                              SÉPTIMO DÍA

-Al séptimo día, luego de haber creado los cielos y la tierra, los mares y las montañas, la luz y la oscuridad, sentóse el Señor a disfrutar de un poema de Borges-
-De Cortázar-
-De Borges-
-De Cortázar-
-¡¡De Borges!!!-
-¡¡De Cortázar!!-
Y continuaron así, discutiendo eternamente  mientras Dios, como en el séptimo día, disfrutaba de su revista, preferida, de modas.

viernes, 25 de septiembre de 2015

FRUTO PROHIBIDO



                                                    FRUTO PROHIBIDO

Y fue así que, el Señor, expulsó a Adán  y a Eva del paraíso. Habían saboreado el fruto del árbol prohibido, es decir,  se habían comportado tal cual, él, lo había calculado.

Sabía que, a partir de ese instante, solo la manzana podría otorgarles esa sensación, inigualable, de placer y éxtasis y su único provededor, era él.

martes, 22 de septiembre de 2015

SORPRESA



                                             SORPRESA



Ella le dijo - cuenta hasta diez y abre 

los ojos-. Pero él no sabía contar, y 

murió con los ojos cerrados .

miércoles, 16 de septiembre de 2015

HAY GOLPES TAN FUERTES EN LA VIDA... !!



                       HAY GOLPES TAN FUERTES EN LA VIDA…!!



Por aquellos días teníamos unos … veintitrés, veinticuatro años y la facultad era el lugar donde podíamos desplegar nuestros sueños sin que nadie se riera de nosotros.
Pablo, hacía ya un par de meses que salía con Miriam y yo llevaba un año de casado. Recuerdo que los fines de semana solíamos ir al parque Independencia, a los juegos esos que ahora están clausurados desde lo del accidente en que se cayeron desde la montaña rusa esas dos jóvenes.
Nosotros no frecuentábamos ese entretenimiento. A pesar de que las chicas, Miriam y Silvana, mi esposa, no sabían manejar, en realidad, ahora que lo recuerdo bien, Pablo tampoco, preferíamos pasar las noches de los sábados conduciendo una especie de autos chocadores que, en realidad, no eran tales sino una algo así como una pista donde los vehículos  movidos por una mecánica similar a la de los autitos chocadores (y de ahí mi comparación) realizaban un recorrido circular. Lo lindo, lo verdaderamente lindo, de esto, es que no lo hacíamos por competir sino por pasar el tiempo. Y cómo se pasaba!!. Apenas descendíamos de esa especie de cartings cerrados íbamos, inmediatamente, a hacer la cola para comprar mas boletos que nos permitieran volver a nuestra pequeña historia de carretera. Algunas veces, se hacían las dos, las tres de la mañana y, aún, no habíamos cenado. Los empleados del lugar solían juntarse alrededor del juego para vernos divertirnos.
Con Pablo nos habíamos hecho amigos cuando cursábamos Literatura Europea. La profesora estaba dando una clase sobre el Dante cuando él hizo un comentario que me causó mucha gracia. No estábamos juntos en todas las cátedras, pero cuando en Análisis del texto, en la que, también, coincidíamos, dijeron que había que formar grupos para hacer un trabajo especial, no dudé en elegirlo a él y él no tuvo problema alguno en aceptarme.
Coincidíamos (y coincidimos) terriblemente en nuestros gustos.(salvo por nuestros equipos de fútbol, él es de Central y yo de Newells). Led Zeppelin, Peter Gabriel, Los Jaivas, las tardes a la vera del río, Mastroiani y, sobre todo, Vallejo.
Entre clase y clase, los poemas de César Vallejo se convertían ,inevitablemente, en nuestro pasatiempo.
Piedra negra sobre una piedra blanca, Un hombre pasa con un pan al hombro, eran repetidos una y mil veces como si fuésemos chicos de la primaria tratando de memorizar el poema que debíamos exponer en el acto del 25 de mayo.
Que alegría, cuando fuimos a ver “El exilio de Gardel”, de Solanas, cuando en una toma del filme aparecían Gardel, San Martín y Vallejo tomando mates!.
Era el año 80 e ir a la facultad de humanidades y artes, recién finalizada la dictadura, era, casi, como una moda.
Los que, antes, éramos mirados como bichos por recitar poemas de Rimbaud o de Bukowsky, nos habíamos convertido en los niños mimados de las reuniones.
Y aquellas doncellas que,  un tiempo atrás   se reían de nosotros, ahora sentían que si no tenían una de nuestras cabezas exhibidas en las paredes de sus livings, no iban a ser  aceptadas por sus amigas.
Fue así que, una tarde, a la salida del trabajo, me encontré tomando un café con Ruana, la alemana de ojos celestes de la otra comisión, objeto de todas las miradas masculinas cuando, al salón, entraba.
Pero necesitaba una excusa para justificar mi llegada, a casa, fuera de horario. Qué mejor que una reunión con Pablo?
No hubo problema alguno, de parte de él, para acceder a mi requerimiento, como tampoco hubo reparo para cumplir el mismo rol de mi parte, cuando él se citó con Payné.
Nuestros días de galanes habían comenzado y no estábamos dispuestos a negarnos a ese obsequio que la diosa fortuna había puesto en nuestras manos.
El célular es un invento posterior a esa época y las comunicaciones vía telefónica, no eran, lo que se dice, algo que se pudiera conseguir muy fácilmente. Internet tampoco existía y, por todo ello, si nos encontrábamos algún día acompañados de nuestras parejas, y siendo que, cada vez que nos hallábamos en alguna de esas situaciones placenteras, utilizábamos la misma excusa, no siempre teníamos la oportunidad de avisarnos.
Fue allí que, nuestro querido César, vino en nuestra ayuda. No inmediatamente, lógico, pero luego de pensar y pensar, inventamos una clave para, si un encontronazo de esa naturaleza se llevaba a cabo y uno no le había podido avisar al otro o viceversa, poder alertarnos mutuamente.
Y nuestro querido Vallejo vino a ofrecernos su tan hermosa “hay golpes tan fuertes en la vida”.
Tampoco éramos los Rodolfos Valentinos de la facultad, obvio, pero, dada la situación, ni Silvana ni Miriam sospecharían si uno de los versos mas bellos ,del que era nuestro máximo ídolo, era citado por uno,  otro o los dos simultáneamente, en nuestros encuentros.
Transcurridos unos años y, sin recibirme, abandoné la facultad. Mi hijo mayor había llegado al mundo y un solo sueldo no alcanzaba.
Asimismo, Pablo, también dejó letras pero para pasarse a comunicación social.
Fue así que nuestros encuentros se fueron haciendo, cada vez, mas distanciados.
Las épocas de amantes furtivos se habían terminado.
No obstante ello, cada vez que nos cruzábamos o nos citábamos para compartir una cerveza, el “hay golpes tan fuertes en la vida”, surgía como un chascarrillo que, solo, nosotros dos entendíamos.
Después, quizás porque las obligaciones eran cada vez mas grandes, dejamos de vernos por algunos años.  
Una noche de agosto, íbamos al cine con Silvana a ver una nueva de Campanella cuando nos cruzamos con Pablo. Ya no salía con Miriam. Hacía un tiempo se habían distanciado. En su lugar, una joven y bonita chica lo acompañaba. Obviamente, el “hay golpes tan fuertes en la vida” fue el saludo obligado. Nos abrazamos fuertemente. Ellos recién salían de ver la película, así que los dejamos rápidamente,  puesto que nuestra función ya comenzaba. Sin embargo, algo me extrañó. En el momento en que uno de los dos pronunció la frase secreta, no recuerdo si fue él o yo,  una mirada extraña se cruzó entre Silvana y Pablo. Una mirada, como, cómplice, se podría decir. Durante la proyección, mi esposa, estuvo algo distinta con respecto a mi. Distante. En algunas oportunidades, ya se había comportado de esa manera pero hacía tiempo no lo hacía. Intenté recordar cuando. Si. Eran las veces que, al encontrarnos con Pablo y Miriam, era él, el que pronunciaba el verso de Vallejo.
Al salir a la calle no quiso darme la mano. Yo tampoco la presioné para que lo hiciera. En cuanto a Pablo, jamás volví a llamarlo.