jueves, 26 de marzo de 2015

EN EL FONDO DE LA ESCUELA



    EN EL FONDO DE LA ESCUELA

En el salón de madera,
El pintado de amarillo,
Donde hay guardados dos baldes,
Tres escobas, dos cepillos,
Un cuadro de San Martín,
Un bustito de Colón,
Un ropero todo roto
Y unas flores de cartón.
El del fondo de la escuela
Al lado del arenero
Reunión secreta de hombres,
Los soldados de tercero.
Juancito cuida la puerta,
Guardián de roja melena,
No sea que, por sorpresa,
Vaya a infiltrarse una nena.
La razón, un papelito
Que, del bolsillo de Carlos,
Sale airoso y se despliega.
El solo quiere mostrarlo.
Lo pasa de mano en mano,
Lo leen sin murmurar
Son náufragos en un bote
Extraviado en alta mar
Cuando llega hasta mis ojos
Lo que está escrito, me atrae
Siento una cosita rara
Y una lágrima me cae.
Nos quedamos asombrados
Fijas, en él, las miradas
Una escoba cae al suelo
Carlitos no dice nada
La campana llama a clase
Un tañir mas bien, discreto
Cada uno de los doce

Se va guardando un secreto
El que se queda es Carlitos
Chiquitito como hormiga
Los otros salen corriendo
¡El que es último la liga!!
¿-hice bien en enseñarlo?-
tembloroso, me pregunta
yo no sé qué responderle
los dos salimos en yunta.
Pongo mi mano en su hombro
En el aula está la meta
El sol se ve algo distinto
Tengo un amigo poeta

domingo, 22 de marzo de 2015

KATYA



                                                    KATYA

De todas las trabajadoras del sexo de las que había requerido sus servicios, Katya era especial.
De contextura pequeña, no era muy exuberante en lo que a sus formas respectaba pero, en su diminuto cuerpo, cabía todo lo que una mujer puede llegar a entregar en el momento sublime. Además de ello, yo podía percibir que ella no simulaba y jamás, jamás, con fémina alguna, pude sentir como con ella que mi pequeña muerte se fundía con la suya.
Más de un año había transcurrido sin ir a la casa de la calle Callao, donde Katya trabajaba. Hacían ya un par de días que mis pensamientos se remontaban a nuestros momentos compartidos cuando decidí ir a visitarla.
Cuando pregunté por ella me dijeron que no estaba. No eran muchos los ratos disponibles para poder llegarme hasta allí. En ese momento, tres muchachas había en el lugar. No sé como se llamaba la morochita de ojos verdes que me acompañó a la habitación.
Cuando salí, me di cuenta que se me había hecho tarde. Decidí tomar un taxi. Levanté mi brazo para hacerle señas a uno que se aproximaba por Urquiza, no me dí cuenta que venía ocupado. De todas maneras se detuvo. Una muchacha le pagó al conductor antes de abandonar el vehículo. Cuando descendió del vehículo pude darme cuenta de que era Katya. Sentí vergüenza cuando me miró a los ojos. Me engañaste, me dijo antes de cruzar la calle. No le respondí, subí al taxi, -¿a dónde vamos, maestro?-, me preguntó el chofer. Demoré un poco antes de responderle.

domingo, 15 de marzo de 2015

PERDÓN

                                                     PERDÓN

Perdón, ¿qué es estar muerto
de frío o de calor?
yo, nunca hé estado muerto 
mas que por amor
y un error 
de la palabra há sido
pues, mas que muerto, 
vivo, me hé sentido.

sábado, 7 de marzo de 2015

SAQUEN UNA HOJA

                                        SAQUEN UNA HOJA
            

Andrés escribe historias. Esas historias hablan de romances breves con sus compañeras de curso.  
Inmediatamente luego de ser escritas, las líneas trazadas por Andrés se desarrollan en la realidad tal cual lo hacen en el papel. 
Todos los relatos culminan de la misma manera, la muchacha se entrega al autor de la obra. Luego de ésto, Andrés rompe la hoja que contenía la narración y el personaje femenino olvida lo acontecido. 
Carla, que viene de otro colegio, desconoce ésto, así como Andrés, también, ignora que, semejante, era el sistema implementado por ella en el establecimiento donde estudiaba, salvo por un pequeño detalle. Carla no destruye sus textos, condenando a sus víctimas al  amor eterno no retribuído.
Lo que ninguno de los dos, ni Carla ni Andrés, saben, es de  la existencia del cuento que redacta Mauro, el ignorado del curso, donde habla del embarazo de Carla. 

jueves, 5 de marzo de 2015

ESOS AUTOS QUE SE ALEJAN



                                             ESOS AUTOS QUE SE ALEJAN

La vió subirse al auto y darle un beso en los labios. Un beso largo, interminable, como sus noches. Cuando ella subió al auto, antes que cerrara la puerta, él pudo espiar cómo la pollera se enrollaba y dejaba ver esas piernas con las que él había soñado tantas noches. El conductor apartó una de sus manos del volante para posarla sobre el busto de ella y ella la sostuvo con la propia, como temiendo que él la retirara.
Era uno de esos autos nuevos, con los faros enojados, como los hacen ahora.
Al cerrarse la portezuela, los vidrios polarizados impidieron ver lo que sucedía en su interior, aunque él podía imaginarlo perfectamente.
Alguna vez lo había acariciado, alguna vez le había entregado su sonrisa pero sabía que allí terminaba todo.
Una patada en las costillas ,que no supo de donde vino, lo hizo aullar de dolor -¡¡Fuera, mierda!!!-. Salió corriendo hasta la esquina, se rascó las pulgas y se quedó sentado viendo como el vehículo se alejaba.