viernes, 21 de noviembre de 2014

EL SEÑOR EMPÁTICO

                                                  EL SEÑOR EMPÁTICO 

El señor empático se pone en el lugar de los otros. 
Pasa por una obra en construcción y levanta una pared hermosa que servirá de refugio para alguien, en el futuro, y percibe el placer de la persona que habitará esa casa. Frente a una clínica, opera dos hernias, amputa una pierna y atiende un parto. Experimenta la ansiedad de los los familiares y amigos que aguardan en la sala de espera, la alegría de un recuperado, se retuerce por el dolor sufrido por un enfermo terminal. 
Al cruzarse con una pareja, siente en sus labios la humedad de los labios de ella y se ruboriza un poco por sus propios pensamientos. 
Su estómago hace ruido cuando un niño mendigo se le acerca, revisa la tabla del nueve al colocarse detrás de un profesor de matemáticas, en la fila para cruzar la calle. Siente apatía por el mundo cuando tropieza con un egoísta. 
El señor empático evita pararse frente a los espejos. A veces le producen demasiadas emociones juntas. Otras, ninguna. 
Entonces, sigue su camino en busca de otras gentes, mas cercanas, mas lógicas y, por lo tanto, mucho mas fáciles de comprender.