jueves, 23 de octubre de 2014

LOS SÁBADOS POR LA NOCHE




                                  LOS SÁBADOS POR LA NOCHE 

Los sábados por la noche, mi barrio se transforma en un barrio nocturno. Con una nocturnidad insolente... y a la vez calma. Intempestiva y dulce, si se quiere. Como esos amores que uno piensa que únicamente pueden estar en las páginas de un libro o en la pantalla de un cine. Si, de un cine, porque el televisor le quedaría chico.
Un barrio que durante el día cierra sus puertas y baja sus persianas y se queda adentro, elucubrando emociones para cuando de nuevo la luna se ponga su mejor vestido y con, apenas, una línea de rimel, nos muestre que también puede ser hermosa a cara lavada.
Y porque el día suele estar colmado de realidades. Y, a veces, las realidades duelen. No mucho, pero duelen.
Entonces, una noche a la semana, haga calor o frío, llueva o nieve, nos tomamos franco, y somos malevos con cicatrices en el rostro e infundimos respeto. No miedo, ojo, respeto, a los que nos amedrentaron durante cinco días. O   nos enfundamos en armaduras y andamos impartiendo justicia a diestras y siniestras. O somos la piba esa que inspiró los poemas mas bellos.
Un organito se escucha desde aquella esquina.
En aquella casa, se pueden adivinar varios hombres jugando un truco en el que se van a apostar todo, su futuro, su pasado, mientras en la de enfrente, si, en la de malvones rojos como la mas profunda de las pasiones, una pareja se jura amor eterno mientras se miran a los ojos.

Siempre necesitamos un barrio de esos, un barrio, una casa, un altillo, un rinconcito, donde le podamos dar manija a la vitrola y poner el disco ese que nunca escuchamos porque no tenemos tiempo. O sentarse a mirar las fotos del abuelo, con esos bigotes imponentes donde se escondían las historias mas maravillosas.
Lástima que el sol sale, y entonces, los sueños y los fantasmas se evaporan, pero en una de esas, algún domingo a la mañana, el barrio no desaparezca, y nos encontremos que no hacía falta ningún barrio imaginario para atrevernos, que todo estaba dentro nuestro, y hasta, en una de esas, nos atrevemos a pedirle de salir a la colorada y hasta, con un poquitito de suerte, nos dice que si.... quién te dice.....