jueves, 9 de octubre de 2014

ANDRES SE ROBA EL QUESO DE LAS CHICAS

                      

                            ANDRES SE ROBA EL QUESO DE LAS CHICAS 



Andrés se roba el queso de las chicas. Solo hacen un par de semanas que está allí pero las ha espiado desde su nido y sabe que ellas están en edad de crecimiento y que el queso les es necesario para fortalecer sus dientes y sus huesos, pero también sabe que, por esas mismas razones, le es imprescindible a sus pequeños.
Hay otra cosa, ellos tienen la posibilidad de reemplazarlo por otros alimentos que les pueden suministrar esas proteínas como, carnes, leche, yogurt, frutas, vegetales.
En realidad, también hay otra cosa. Él no ignora que, así como sustrae el queso, podría conseguir, de la misma manera, los otros productos, pero él es un ratón, qué embromar.
Andrés sube hasta la mesada usando la cajonera como medio. Asciende como un verdadero trapecista. Sus garritas. Sus dientes. Su cola. Cada parte de su cuerpo es un instrumento para llegar hasta su objetivo y su objetivo está allí, a, apenas, unos centímetros de él, sobre la meseta de acero inoxidable.
Sus movimientos son rápidos, pero, más rápidos son los de la cucaracha que pasa, rauda, en pos de la  comida que, supuestamente, quedó olvidada.
El estruendo es terrible. Andrés debe cerrar sus ojos para que no entren, en ellos, los trozos de órganos de la cucaracha que, aunque aún sacude sus alas, quedó dividida en dos.
Andrés levanta, nuevamente, sus párpados.
Ahora su meta que, en la trampera ya accionada, está a unos pasos, parece muy lejana.
Siente el aroma pero le produce algo de rechazo. Sabe que es un ratón pero, también sabe, que, a veces, hay que perder la esencia para poder subsistir.
De regreso a su escondrijo, recoge unos restos de pan que hay esparcidos sobre el piso de la cocina. Seguramente, sus cachorros deben estar hambrientos.