miércoles, 20 de agosto de 2014

EVERLOVING



                                         EVERLOVING

Que es lo que hace que una historia de amor sea eso, una historia de amor? Un final trágico, una promesa, una mirada, una cita a la que no se acude, una llamada equívoca por teléfono, un beso jamás dado, un paseo nunca compartido?
No creo que los finales deban ser siempre tristes, Tampoco me parece que los finales sean finales.
Tal vez si el comienzo es triste la historia acabe de la manera opuesta, pero, a quien le puede parecer triste el comienzo de un amor?.
Hé visto, hé leído, hé escuchado cientos, miles, millones de historias de amor y no sé qué es lo que las define, aunque, se puede definir al amor mismo?.
Tal vez no deba embarcarme en eso de tratar de contar algo embebido por el alcohol, el cigarrillo y las notas de una canción que no há de ser eterna, por mas bella que sea,  pero es como que, si no lo hiciera, el pecho explotaría, y con él desapareciera éste momento. Como que ésto que siento ahora se mezclaría con el aire sin dejar un vestigio de lo sentido en éste instante.
Ellos se amaron, se aman, se amarán. Entrar en detalles sería una indiscreción. No sé si tengan hijos, si compartan un amanecer, si, acaso, lleguen, siquiera, a darse cuenta de lo que sienten, o que nunca sepa uno la existencia del otro y tampoco me interesa.  
Solo creo saber que, tal vez, una historia de amor sea solo eso, o lo que yo quisiera que fuera, o lo que todos quisiéramos, o lo que nadie quiso y yo estoy imaginando en éste momento. En éste instante que durará solo lo que dure ésta canción, el whisky,  los cigarrillos. Esto, que há de rondarme hasta que me duerma… y sueñe con una historia de amor que, mañana al despertarme, seguro, no recordaré.

CASI UN CUENTO



                                           CASI UN CUENTO

El frente de la casa tiene parte de la mampostería caída. Ladrillitos de esos, vistos que les dicen, como si a los otros ladrillos no se los pudiera ver.
Serán quince o veinte que, en el resto de la superficie, no representan mucho, pero que hacen que la fachada se vea afeada, como que la casa estuviera abandonada, aunque, en el barrio, sean muy pocos los que le den importancia a eso.
Abajo hay un tienetodo.
No es un bazar, no una juguetería, no una librería, no una casa de electrodomésticos y, sin embargo, tiene todo o mas de lo que puede tener cualquiera de esos negocios.
No tiene nombre. Nació en la clandestinidad y, como ningún inspector le solicitó jamás los papeles para estar en regla, el Diente De Lata, es decir, el comerciante, el tienetodero, siguió así, en su condición de clandestino, no aceptado sino ignorado por las autoridades, viendo crecer su pequeño imperio, que, tal vez, un supermercadista miraría con desdén,  pero que para un tienetodo ubicado en los confines de la ciudad no está nada mal.
Los clientes que asisten al negocio del Diente De Lata, son muy variados. Ángeles caídos en busca de plumas para reparar sus alas, desesperados tras pociones que les devuelvan la esperanza, moribundos que adquieren guías para no perderse en el otro mundo, vampiros tras elíxires que prometen un minuto de caminata bajo el sol y hasta alguna desubicada señora que, ridículamente, pide un reloj de pared para su sobrina que há de contraer enlace (dicho de ésta manera parece que el enlace fuera una enfermedad). Es decir, nada que no se pueda conseguir en un tienetodo al que le falten un par de ladrillos del frente de su mampostería.