jueves, 7 de agosto de 2014

EL TÍO OMAR



                                            EL TÍO OMAR

Imposible recordarlo sin recordar sus enfermedades.
Su cuarto oscuro, inundado de pastillas y jarabes, parecía el laboratorio de un médico loco.
Inflamaciones, quebraduras, neuralgias y malestares inimaginables, poblaban sus días como puede poblar la noche el sueño de una mujer hermosa.
Él no hacía mas que hablar de ello con un orgullo comparable al de un cruzado que relataba sus hazañas.
El día que el médico le pronosticó el tumor, todos nos mostramos, y nos sentimos, realmente compungidos.
Es que, no sé si, a fuerza de compasión o cierta admiración por sobrellevar todos sus males como lo hacía, el tío Omar, se había ganado un lugar en el corazón de todos.
Fue esa mañana de enero que supimos que ya no lo volveríamos a ver.
Fue en ese mismo cuarto oscuro, con la soga pendiendo del techo, que el tío comenzó a desaparecer de nuestras vidas, entre los frascos, las radiografías y el resultado del estudio del tumor, que decía –negativo-.