miércoles, 16 de julio de 2014

RÚCULA, EL VAMPIRO VEGETARIANO (3º PARTE)

RÚCULA, EL VAMPIRO VEGETARIANO (3ª PARTE).



                                                        CAPÍTULO III


Largo tiempo transcurrió hasta que Van Hussen aprendió los secretos para rastrear y destruir a los vampiros. Indagó en bibliotecas, leyó periódicos, interrogó y estudió a las víctimas, miró la National Geographic y, cuando ya estuvo listo, buscó el domicilio de Mácula Pápula en las páginas amarillas para darle fin a sus días… bueno, a sus noches.
Ya en el interior del castillo que le daba albergue al monstruo y frente al luctuoso lecho donde éste reposaba, Van Hussen buscó a su alrededor tratando de hallar una estaca de madera para clavar en el corazón de Mácula y lo primero que alcanzó a ver fue un muñeco hecho de ese material y con una enorme nariz puntuda, sobre las estanterías.
-Epa, epa, epa- dijo el muñeco tratando de desembarazar su nariz de entre las manos de Van Hussen. – más Gepetto que no soy un muñeco
-¿Cómo que no?-, cuestionó el profesor.
El muñeco se sacudió el polvo de sus ropas mientras caminaba alrededor de Van Hussen con aire inteligente -Soy un proyecto secreto, el Prototipo de Inteligencia Nacional “8” y estaba en ese estante como agente encubierto tratando de seguir los pasos del vampiro que usted, -el niño levantó su dedo índice amenazante señalando al profesor -está por destruir y que la CIA intenta congelar para estudiar el motivo de su longevidad –.
-¿Eso es verdad?-. preguntó el investigador.
-No, pero hubiera sido lindo. En realidad mi nombre es Pinocho. Dos minutos antes, le habría  sido útil. Efectivamente y, como usted lo pensó, yo era un muñeco de madera,  pero el Hada Madrina me concedió el deseo de ser un niño de verdad a cambio de que no diga mas mentiras-.
-Tampoco te creo- , dijo Van Hussen.
-Créale, perque es la veritá – dijo la voz desde detrás del profesor Van Hussen. Este se dio vuelta y se encontró a una mujer bastante parecida a Marlon Brando, vestida de etiqueta y escoltada por dos terribles hombretones y un grillo con un estuche de violín debajo del brazo.
-Io sono il hada madrina di Cattanzaro – y estiró su varita mágica hasta los labios del profesor para que éste la bese luego de arrodillarse.
Afuera llovía. La lluvia solía traerle recuerdos. Cada vez que llovía recordaba que tenía que comprar un paraguas.
De repente un espectro con un paquete de galletitas irrumpió en escena. Van Hussen se asustó al principio, pero inmediatamente la imagen lo tranquilizó.
–No pasa nada hombre, soy el fantasma de la ópera- dijo a la vez que extendía la mano donde residía el paquete de masitas obleas, ofreciéndole una.
–No, gracias, estoy a dieta-, respondió el profesor.
Tan sumergido estaba el cazavampiros en su diálogo con la aparición que no advirtió que la luna había hecho su irrupción  en el firmamento y Mácula Pápula había despertado dentro de su ataúd de dos plazas.
–Estás perdido Van Hussen- le dijo.
El profesor examinó la brújula que portaba en su bolsillo.
–Para nada-, le contestó – mi brújula está conectada al Google Earth y me dice exactamente donde estoy ubicado-.
-No digo que estés perdido en esa acepción de la palabra.
-Ah, no, ¿y en cual si tanto sabés de etimología?
-Digo que no tienes salida, que estás acorralado, que no hay escapatoria, que tu fin se aproxima-.
-Ah, si, eso sí-, contestó Van Hussen, pero al ver que el conde se aproximaba a él exhibiendo sus colmillos impúdicamente, tomó dos galletitas ópera del paquete que le había ofrecido el fantasma –.
-Epa, ¡¡¡epa!!!- dijo el fantasma –¡¡¡que no las consigo por obra social!!!-, pero el profesor cruzó las obleas en forma de cruz rechazando así el ataque del vampiro.
Al ver la escena, Pinocho, se compadeció del pobre e indefenso doctor que no tenía ninguna posibilidad ante el inminente ataque de Mácula, miró al hada madrina de Cattanzaro y ésta comprendió la situación.
Luego de volverlo a su categoría de muñeco de madera, éste pronunció, deliberadamente, un par de mentiras y se arrojó sobre el habitante de la noche atravesándole el corazón con su nariz.
 De pronto el profesor escuchó un chistido, -chist, chist, -, era Minna.
-Eh, ¿qué hacemos?, me puede decir ¿para qué me mantiene hipnotizada dos capítulos si después se la va a pasar recordando? , no vamos a empezar ahora con problemas de protagonismo-.
En ese mismo momento, Rúcula, acostado en su cajón abrió enorme sus ojos e, interrumpiendo su siesta, dijo – ¿Y yo qué? -
    

                                       Continúa en la 4ª parte.