lunes, 7 de julio de 2014

COMPRA-VENTA

                                           COMPRA-VENTA

-Perdón, ¿va a comprar algo, señor?-
-¿Qué?-
-Digo si va a comprar algo, ya son casi las nueve, el negocio va a cerrar-.
El cliente devolvió la vieja estatuilla, que había pasado del mostrador a sus manos, a su lugar de origen, miró su reloj, eran las ocho y media.
-Perdón, estaba mirando solamente-
-Entonces, le ruego me disculpe, pero-
-No, en realidad no, estaba buscando algo- interrumpió el cliente-.-Hace unos años, nueve, quizás diez, yo vine a este lugar, usted no estaba-
-Así es- respodió el vendedor mirandolo con desconfianza.
-Había otro hombre, canoso, robusto-
-Ramírez- acotó el vendedor-
-No sé cómo se llamaba-
-Si, Ramírez, él me vendió el negocio-
-Lo cierto es que ese día yo estaba desesperado-
-¿Por dinero?
-No, desesperado-
-No lo entiendo-
-Desesperado, desesperado, verá, ella no er una mujer, era La Mujer, viví pensando en ella noche y día, soñaba con ella, vivía por ella, moría por ella- 
-¿Y?-
-Una noche descubrí que otro era el dueño de su amor, de su cuerpo, de sus caricias, de su aliento, de su mirada- 
-¿Y?-
-Esa misma noche vine aquí y por unos pesos, le vendí al Sr....... Ramírez o como sea que se haya llamado, envueltos en una caja roja, todo lo que yo había sentido por ella, pasión, ternura, deseos de abrigarla y protegerla, ¿entiende usted de lo que estoy hablando?-
El vendedor calló por un instante -¿Y a qué viene usted ahora?- le contestó
-Necesito esa caja, necesito recobrar mis sentimientos, necesito volver a saber lo que era el calor del sol en el rostro y la sonrisa de un niño, experimentar eso que me mantenía vivo aunque me acarree un dolor insoportable. Hace desde ese instante en que abandoné este lugar que no siento nada, ¿me entiende?, estoy absoluta y totalmente muerto!!!-
El hombre detrás del mostrador se quedó mirándolo, -mire, caballero,-le dijo- aquí hay gente que há vendido sus sueños, su pasado, su futuro, hasta su alma por unos pocos pesos, pero quién, respóndame usted, ¿quién se atrevería a vender un sentimiento puro y profundo como el suyo?, perdone que le diga, pero, solo un cobarde lo haría-. 
El cliente lo miró con lo último de esperanza que su interior abrigaba -¿la tiene?, ¿tiene esa caaja, todavía, en su poder?-
-No-, le contestó el otro. 
El hombre se quedó en silencio, como esperando que el comerciante se retractara, dió un giro y se internó en la calle. 
-Quién pudiera sentir algo así - murmuró el vendedor, sacó la caja roja de debajo del mostrador, extrajo algo que estaba dentro de ella y lo introdujo en su pecho.