viernes, 27 de junio de 2014

MI OTRO YO



                                            MI OTRO YO





-Maestro!!!- me dijo, y yo me dí vuelta. Ni siquiera advertí que estaba en medio de la calle y que, tranquilamente, me podría haber atropellado un auto, si venía, pero no venía ninguno y me quedé allí, parado, encandilado por su sonrisa, por su mirada, por su felicidad.

Hacía rato que no veía a alguien tan feliz y eso me sedujo. Me tendió la mano. Tenía un arito en una de sus orejas. –Usted no se acuerda de mi- me dijo. Me dio un poco de vergüenza decirle que no. A veces me encuentro con alguien que dice conocerme pero que yo no recuerdo. Entonces lo dejo hablar y escucho y le pregunto sobre su vida y lo dejo marchar sin saber quién era en realidad y qué pedazo de mi vida ocupó, pero con éste era distinto, tenía necesidad de respetarlo, de saber quién era.

-Usted enseñaba a domicilio, nos ayudó a terminar la secundaria a varios mas y a mi, y no nos cobró nunca nada-dijo.

–No, yo nunca hice eso- le respondí.- Soy escritor, pero nunca hice eso-

-Hubiera jurado que era usted- me dijo

–¿no me estará mintiendo, no?-


-No, ¿por qué habría de hacerlo?- le contesté

-así que es escritor, si yo le contara una historia que tengo podría hacer una novela-. Los autos pasaban a nuestro alrededor.

-Yo siempre vengo a este bar por éstas horas, cuando quieras- le dije.

-Obvio maestro, un día paso, ¿cómo se llama?-

-Ramírez, Julián Ramírez- le dije -¿y vos?-

-Córdoba, Ricardo Córdoba, y mi familia es de Córdoba, solamente me hubiera faltado comprar un departamento en calle Córdoba-, respondió.

-Y tener un Seat Córdoba-agregué

Se rió, me dio la mano y se fue.

Hubiera querido gritarle para que se detuviera. Hubiera querido decirle que yo era esa persona que él creía y quería encontrar.

Hubiera querido decirle que ese hombre que había dedicado su tiempo, que es lo mas importante que tenemos, para ayudarle a concretar sus sueños, estaba encerrado dentro de mi cuerpo y de mi historia, pero me quedé ahí, no levanté la mano, no le grité, no hice absolutamente nada. Me quedé en esa esquina, tieso.Feliz y triste. Feliz por haberle traído ese recuerdo que tanto había significado para su vida y triste, porque mi otro yo se había ocupado en construir esa vida que yo hubiera querido para la mía.