jueves, 19 de junio de 2014

TAL VEZ YO



                                              TAL VEZ YO


De repente vio que no tenía escapatoria, el paso se iba cerrando cada vez más.
Le pareció imposible. Siempre le sucedía cuando algo le tocaba de cerca. Siempre nos pasa a todos, somos inmunes a cualquier peligro, el mundo gira a nuestro alrededor y si  cerramos los ojos ya no hay mundo ni nada, estamos parados en el vacío, en el espacio, y ni siquiera podemos creer que el espacio exista porque no lo vemos.
A veces se preguntaba como harían los ciegos para tener una concepción del mundo, es como alguien que no tiene conocimiento de un lenguaje, cualquiera, no importa el que sea. Su cerebro no podría abstraer ninguna imagen y luego tratar de definirla, aunque ¿ para qué definirla?, una persona que no tuviera acceso a un leguaje seria síntoma de que esta sola. Y si esta sola no necesita comunicar nada, no tendría sentido, entonces, tratar de definir las cosas. Un árbol, por ejemplo, no seria un árbol, sería algo, no sé, un sonido gutural, un dibujo en el aire con las manos, una expresión en el rostro, o quizás, simplemente, un árbol.
Eso se preguntaba a veces, o yo pienso que él se lo preguntaba, o simplemente me lo preguntaba yo al verlo pasar largos ratos mirando el vació, sin atisbar a un movimiento, nada, ni un pestañeo.
Lo cierto es que él se sentía acorralado, estoy seguro, bueno, casi seguro, su comportamiento demostraba que no podía ser de otra forma. Ël nunca me lo comentó pero yo lo intuía. Si, porque a pesar de estar siempre sonriente un dejo de dolor se le escurría por los ojos. De dolor, de nostalgia, no sé, sería inútil tratar de definirlo.
Cómo puede uno definir lo que es el amor, el dolor, la nostalgia, con simplemente pronunciar una fila de palabras que, si bien pueden estar muy bien hilvanadas, no son mas que palabras que han sido inventadas por una persona anterior y que ni siquiera conocimos, por lo tanto no sabemos qué podría haber querido decir esa persona cuando definió esas palabras con otras palabras que tuvo que inventar para definir cada una de éstas y a la vez para definir la palabra definir y la misma palabra palabra.
Lo cierto es que algo se le escurría de los ojos y a uno le producía cierta sensación de angustia en el pecho. Porque cuando uno se siente aproximado a una persona, afectivamente digo, puede sentir el movimiento de su corazón en el propio. Por lo menos a mí me pasa.
Pero basta, cuando comencé éste relato lo que quería era contar lo que le pasaba al y no lo que yo pensaba de eso.
Y él estaba mal.

Ese día se paró frente a mí sin decir nada, algo le estaba por estallar adentro. Sus ojos trataban de evitarlo pero finalmente una gota se le escurrió del derecho, y luego otra del izquierdo, y del izquierdo, y del derecho, hasta que su rostro se vió totalmente empapado.
Yo quería preguntarle lo que le sucedía, pero no me animaba. Temía como pudiera reaccionar, aunque en el fondo lo sabía todo, absolutamente todo, pero quería escucharlo de sus labios, sabía que eso le ayudaría en algo, solo en algo.
Sabía que todo se había ido acumulando. Cosa sobre cosa, hecho sobre hecho, golpe sobre golpe, y en ese momento la suma de todo estaba oprimiéndole el corazón.
O tal vez era a mí al que le pasaba y pensaba que él debía sentir lo mismo. Quizás era yo el que sentía eso y que necesitaba hablar, contárselo todo a alguien y no me animaba a mover un centímetro de mis labios.
Por un momento también yo pude sentir esa angustia en el pecho, toqué mi rostro, estaba húmedo.
La situación me desesperaba. Fue entonces me dí cuenta que no podía hacer nada, absolutamente nada.
Sin pronunciar palabra, apagué la luz del baño y me marché.
Solo la oscuridad penetraba en el espejo.