jueves, 5 de junio de 2014

MODELO PARA ARMAR

                                       MODELO PARA ARMAR
       

Finalmente lo sabía y él mismo me lo había dicho. Tanto tiempo ansiando conocer ese nombre para completar mis memorias. Tanto tiempo desertando de la alegría, elevando mi conjuro a los cielos. 
El diario, el cual solo fue creado a los efectos de contarme, a mí misma, sobre cada parpadeo suyo, sobre cada sonrisa, sobre cada gesto, finalmente, podía ser completado. 
Ya no puntos suspensivos en el sitio donde debía ir su nombre. Ya no incertidumbre. Ya no vacíos para llenar ese hueco enorme. 
Había hablado con él, me había sonreído, lo había tocado.Era real, no un producto de mis sueños. 
Cuando bajé del auto donde habíamos compartido el viaje de regreso desde la fiesta, corrí desesperadamente, hasta mi habitación. En el cajón de mi mesa de luz, entre mis mas preciados tesoros, el cuaderno confidente de mis vivencias, parecía aguardarme ansioso para saber quién era ese príncipe que había causado mis desvelos y yo no estaba dispuesta a defraudarlo. 
Cuando, por fin, acabé de llenar los espacios en blanco, mi corazón se calmó y me dormí abrazada a mi libreta, agotada. 
Nunca supe por qué, cuando desperté a la mañana siguiente, mi primer pensamiento no fue para él, como sucedía desde la primera vez que lo había visto, así como, tampoco, jamás hallé la respuesta al hecho de que, en cada lugar vacío del diario, no había escrito su nombre sino el de alguien a quien nunca conocí.