miércoles, 28 de mayo de 2014

EL PRISIONERO

                                              EL PRISIONERO



Cuando desperté dentro de ese corazón supe que estaría allí el resto de mis días. De todas maneras, el hecho de permanecer en él, no me desagradaba. Había estado prisionero en otros corazones pero, por amnistías o gracias al buen oficio de mis abogados, la libertad había sido recuperada. Además éste no era un corazón hecho en Taiwan como todos los otros que habían sido mis moradas. Este era un corazón auténtico, obra del trabajo y de la pasión. De la desazón, de la alegría, del desvelo. 
No marco los días que me quedan por vivir aquí, en las paredes. Paso mi tiempo dibujando en ellas, pergeñando frases que luego transcribo al papel, las enrollo y las envío por las arterias y las venas como si éstas fueran tubos neumáticos y recorren todo su cuerpo hasta llegar al cerebro. Yo sé que ella las lee. 
A veces, me quedo apoyado en la membrana que divide una aurícula de un ventrículo y allí paso horas tratando de elaborar un plan de escape que sea lo suficientemente imperfecto para fracasar a su intento. Yo sé que a ella le gustan esas cosas, pero lo que mas disfruto, es acariciar los muros latentes y tibios cuando presagio un sollozo, un miedo o un vacío. Sé que, a pesar de mi tamaño, desde aquí adentro, puedo hacer mucho mas por ella de lo que podría hacer afuera.