sábado, 24 de mayo de 2014

CAMINO A LA ESCUELA

                                               CAMINO A LA ESCUELA 

Cuando llego a la altura del kiosquito de Don Álvarez, ahí, en la calle España, bueno, no exactamente al llegar al Kosquito de Don Álvarez, sino dos casas antes, donde vive el Humberto, el hijo de Doña Rosa, o, de repente, en frente, no en frente en frente del kiosquito de Don Álvarez, tal vez un poquito en diagonal, pero para el lado de mi casa, no para el lado de la escuela, porque el kiosquito de Don Álvarez no está a la mitad exacta del trayecto entre el colegio y mi casa, o mi casa y el colegio, no, a la mitad exacta está la casa de la Mercedes, la morochita de ojos negros enormes que va al tercero B. Lo cierto es que, cuando estoy casi en frente del kiosquito de Don Álvarez, meto la mano en el bolsillo del guardapolvos como para no perder tiempo, porque siempre está lleno el kiosquito de Don Álvarez, con la Mercedes, y el Humberto, y hasta el Ratón, que ya va a quinto y vive a una cuadra y media del kiosquito de Don Álvarez y le queda mas lejos que el kiosquito de la Rosalía, que es mas grande y mas limpio que el kiosquito de Don Álvarez, pero no mas lindo, y por eso van los chicos y hay que tener la plata en la mano porque sino, desde el kiosquito de Don Álvarez se escucha la campana de llegada y hay que salir corriendo sin el alfajor tatín blanco como los bigotes de Don Álvarez, que tiene un kiosquito ahí, justo ahí, en ese lugar donde solamente puede haber un kiosquito.