miércoles, 21 de mayo de 2014

EL ÚLTIMO DILUVIO

                                          EL ÚLTIMO DILUVIO

Cuando, después de los cuatro tsunamis, los dos terremotos y veinte ciclones simultáneos en todo el planeta, los medios universales anunciaron el alerta meteorológico masivo, algunos corrieron a refugiarse en sus casas, otros, huyeron  a las montañas, otros construyeron inmensas naves capaces de resistir una batalla con el mismo neptuno, otros oraron y otros, simplemente, se sentaron a esperar y, como se había pronosticado, la lluvia llegó, una lluvia de una sola gota.
Una única, hermosa, brillante gota atravesó el firmamento y se estrelló contra el suelo, pero, en su trayecto, había sido vista desde Pekín, desde Nueva York, desde Buenos Aire, desde París. 
En los barrios mas populares y los mas desconocidos, en aldeas, pueblos, ciudades, casas aisladas, todos sabían acerca de la llegada de esa gota como el advenimiento de un mesías. 

Cuando la gota estalló contra el suelo volviendo a su origen de oxígeno e hidrógeno, todos comenzaron a llorar, los hombres, las mujeres, los niños, los ancianos, todos se transformaron es cascadas humanas a las que no había dique que pudiera contener. Unos lloraban de espanto porque no sabían lo que esa gota baticinaba, otros, de alegría, al ver que no era mas que una gota y que ella no sería capaz de hacernos daño, otros de tristeza por esa sola gota enviada de emisario de la vida o de la muerte. 
Lo cierto es que cada ser humano lloró y lloró diez minutos, y lloró una hora, y lloró un día, y lloró un mes y la tierra se fue cubriendo del llanto de los hombres y fueron lagos de lágrimas, ríos de lágrimas, mares y océanos de ellas hasta que el planeta fue una masa líquida. 
Cuando las aguas descendieron, todo había quedado obsoleto, las máquinas, las armas, los medios de transporte, las artes, los idiomas, las banderas, los hombres. 

El ser elevó sus ojos desorbitados para tratar de comprender el rugido furioso del cielo.  Una gota de agua se abrazó a su frente para no caer al vacío.
-Ugh!!- dijo el ser, arrastrando el líquido con su mano agrietada sobre su rostro. Mostró la gota a la hembra y a los críos que observaban desde la cueva, sonrió y siguió perforando la tierra con la estaca, para comenzar la siembra.