martes, 6 de mayo de 2014

MI NOMBRE EN LA MARQUESINA



                           MI NOMBRE EN LA MARQUESINA


                                                                                               A Raúl Astorga 


-Hola, mi negrita, cómo está hoy?-

-Cómo querés que esté, que los chicos, que el trabajo, que la cuenta del teléfono. –a propósito, ¿vos estuviste haciendo llamadas a larga distancia?

-¿Yo?

-Con quién estoy hablando, si, vos, no te hagás el inocente-

-Que yo sepa-

-Hacé memoria, querido, que el aparato no se disca solo-

-Ay,…" querido"…, como estamos hoy!!!-

-Si, como estamos hoy, ¿estuviste o no estuviste haciendo llamadas a larga distancia?-

-Sabés que no me acuerdo-

-Pobre mi vida, ahora, además de los cálculos en los riñones tiene amnesia, bueno, yo te voy a ayudar un poquito, mirá, el número de tu amigote Mario, diez de abril, veinte minutos, Olga, quince de abril, veintinueve minutos con treinta segundos, diecisiete de abril, Carmelo, CINCUENTA Y NUEVE MINUTOS!!!, te das cuenta?, CINCUENTA Y NUEVE MINUTOS!!!-

-Pero, mi amor-

-Pero mi amor, pero mi amor, después sos vos el que pregunta en qué se va la guita, me parece que tendrías que poner, un poquito, los pies sobre la tierra-

-¿Te parece que no los tengo?, diez horas por día me deslomo en esa oficina de porquería para poder traer los mangos roñosos que traigo y vos me decís que no tengo los pies sobre la tierra-.

-Todo lo que vos quieras, pero, cuando estás acá, en lugar de estar escribiendo en la computadorita esa, tiqui que te tiqui, tiqui que te tiqui, podrías prestarle un poco de atención a la casa, mirá el techo como está, cualquier día de éstos se nos cae encima, y la pintura?, parece que fuera una tapera, y la correa de la ventana de la pieza, ¿sabés cuanto hace que no entra luz natural en nuestro dormitorio?, como dos años, alcanzáme la sal de la heladera, ¿querès?-

-¿Qué estás haciendo de rico hoy?-

-No te escapés por la tangente-

-No me escapo, ¿cuándo querés que escriba si no es cuando estoy en casa?, los otros maridos se van a jugar a la pelota, a chupar en el bar o salen de caravana, ¿eso querés que haga, con eso estarías contenta?, dónde está la sal de mierda?

-Ahí, ¿no la vés?, en el segundo estante, y cerrá rápido que se descongela-

-Tomá, vos no me tenés fe, pero algún día, un director de cine va a leer uno de mis guiones y ahí va a estar :basado en la historia de Andrés Ignacio Balcarce, mi nombre, entendés, MI NOMBRE, y vos vas a estar al lado mío, con un vestido negro, con escote en la espalda, hasta la cintura-

Andrés la abrazó por detrás

-Salí, salí que se me queman las papas. ¿Cuánto hace, Andrés, que te vengo escuchando esa sanata?, desde que éramos novios. Y yo te creía, claro, teníamos dieciocho años, pero ya estamos grandes, viejo. Cincuenta y tres años tenemos, me parece que ya es hora de...-

-Los chicos?

-Germán se fue a la casa de tus viejos y Cristina, con el novio, al cine-

-¿Qué iban a ver?

-No sé, una de Darín, me parece-

-Pongo la mesa?-

-Dale, pero mirá que falta un rato todavía-

-No importa, así hago algo, querés ver una peli?-

-Ponelo a Tinelli, así no pensamos-

-Mariano, el hijo de puta, se comprò uno de 29 pulgadas, dice que parece que las imágenes se salieran de la pantalla-

-¿Vos le creès?, ese Mariano habla mas al pedo, también-

Ring, Ring.

-El timbre, Mónica, ¿Vos esperabas a alguien?


-A mi qué me preguntás?, sos vos el que recibe a sus amistades a éstas horas-

-Si, pero,… ¿Quién es…?

-¿Andés Balcarce?

-Si, quién es?

-No abrás la puerta que pueden ser chorros…Uy, la puta que la parió, me salpiqué con aceite-

-¿Quién es?-

-Juan José Campanella-

-¿Quién?

La voz, ahora, se escuchó mas enérgica

-Campanella, Juan José Campanella.

-¿Escuchaste vieja?, Campanella, dice que es Campanella!!!.

-Fijate por la mirilla que son como las diez de la noche-

-Si, si, es él, la llave,¿dónde está la llave?

-Vos cerraste recién, no te acordás donde la pusiste?

-Acá está,...¡¡¡ Maestro!!!, pase, pase-

-Permiso, disculpe la hora-

 -Por favor, dire, pase, pase, siéntese, Moni, vení a saludar a Campanella-

-Dìgame Juan José, hombre-

-Si, eso, vení que está Juan José, Moni-

-Campanella!!!!, mire como me encuentra, si sabía me ponía algo mas acorde. ¿usted sabe que con Andrés vimos como ocho veces “El secreto de sus ojos”, ¡Qué película!!!-

-Moni…-

-Perdón, un vinito don Campanella?

-No, gracias, estoy tratando de dejar el alcohol

-Bueno, disculpe, los dejo solos que se me queman las papas, calculo que se va a quedar a comer…-

-No gracias, estoy algo apurado, usted haga-

-La pucha!!!

-¿Què?

-Digo que, La pucha, usted en mi casa, ésto parece un sueño-

-No es para tanto-

-Pero cómo que no, Don Campa!!!

-Campanella

-Si, disculpe, es que…..

-Linda casa

-Y, está media venida abajo, usted vió, ¿y que lo trae por acá?

-El caballo

-¿qué?

-No, como en Juan Moreyra, se acuerda?

-Ah, si, El caballo

-Mire Balcarce-

-Por favor, Andrés para usted, maestro-

-Está bien, mire, Andrés, hace como nueve meses usted me envió un libreto

-Si, ¿Y?

-Y bueno, la cosa no es tan fácil, usted vió como está la industria del cine. Nadie quiere invertir, los sellos están cerrando, y si uno quiere hacer una película mas o menos digna, tiene que, que se yo, vió, gastarse unos dinerillos. Yo hace como un año y medio que estoy tratando de terminar con una producción que va a dar que hablar, le juro que va a ser un bombazo, pero todo el mundo me recortó los gastos

-Pero usted se ganó el Oscar, hombre-

-Si, ya lo sé, pero esto es así, hoy estás arriba, mañana, quién sabe-

-¿Y?

-¿Y qué?

-¿Qué me quiere decir con todo esto?

Campanella llevó una de sus manos al bolsillo de su saco. Extrajo un revólver y lo depositó sobre la mesa-

-¿Eh, hombre, ¿qué hace?

-Viejo, tiene un arma, viejo!!!-

-Andá a la cocina vos que yo arreglo esto-

-No señora, siéntese acá, al lado de su marido-

-¿Qué pretende Juan José?-

-Mire Balcarce-

-Andrés-

-Perdone, Andrés, como le decía, yo tengo que terminar esa película a como de lugar, el cine es mi vida, sabe?, y yo sé que con lo que saque de la exhibición voy a dar el batacazo-

-Pero Metegol, El secreto de sus ojos, La novia de mi mejor amigo.

-Esa no es mía,

-Perdone, El hijo de la novia quise decir-

-Todo un espejismo, Andrés, a la hora de la repartija los productores se quedan con el gran mordizco. Con ésta en cambio, yo mismo la voy a producir, va a ser distinto, así que,¡¡¡ denme todo lo que tienen!!!

-Pero Don Campa-

-Campanella-

-Si, Juan José, lo entiendo, mire si no lo voy a entender, lo que pasa es que

-¿qué?

-Lo que pasa es que, ayer, pasó Aristarain

-¿Adolfo?

-¿Y qué otro Aristarain conoce?-

-Qué se yo, y qué pasó?

-Y..., dijo que estaba haciendo un corto y que si colaborábamos con él, nos hacía socios, si nos dio un papel firmado y todo, mire, mostrale, vieja, mostrale

-Que hijo de!!!, si hace rato que no filma nada, además, ésto no tiene valor de nada, ¿cómo se dejaron engatuzar así?

-Y, era Aristarain, ¿vió?

-Hay gente para todo..., y bueno-

Campanella sacó un papel doblado de otro bolsillo de su saco. Lo desdobló sobre la mesa. En él, una larga lista de nombres y direcciones se desplegaba. El de Andrés Balcarce ya estaba tachado, le señaló el siguiente en la fila.

-Guillermo Lanaro!!!,¡¡ el Willy!!, ¿Qué pasa con él?, no me va a decir que el libreto de la peli que está filmando es del Willy-

-No, quiero saber cómo llego hasta éste domicilio-

-Y, mire, tiene que salir hasta la avenida, vió esa por la que vino hasta acá?, la San Martín, después le da para el norte, hasta el cuatrocientos, ahí dobla unos trescientos metros hacia la izquierda y, a mitad de cuadra, va a ver un frente sin terminar, el único así por el lado de los números pares –

-Bueno, disculpen, los tengo que dejar-

-¿Ya se va?

-es que, como les dije, estoy medio apurado-

-Tiene razón, perdone, pero, le quería preguntar dos cosas-

-Diga-

-Leyó mi libreto?-

-No, todavía no, pero le juro que va a ser el próximo que lea-

-¿En serio?

-Palabra, y la otra pregunta?

-Mire, con esto de Aristarain, de Adolfo como le dice usted, nos quedamos sin un peso y mañana se vence el teléfono, ¿usted no tendría setenta manguitos para prestarnos?

-A ver…, cincuenta tengo-

-No importa, todo sirve, ya vamos a ver donde conseguimos los otros veinte-

-Bueno gente…, cierro la puerta cuando salgo?

-Por favor-

Ambos se quedaron mirando hacia la entrada.

-¡¡¡Don Campa…, carajo!!!- dijo Andrés

-Campanella- corrigió Mónica.