domingo, 13 de abril de 2014

ADÁN Y EL DINOSAURIO



                                          ADÁN Y EL DINOSAURIO

Ya no puedo pensar, ya no quiero. Las ideas golpean contra mi cráneo y se hacen trizas. No sé si vienen desde el exterior o fue mi cerebro el vientre donde se engendraron, mas no quiero escucharlas. Ellas, cómodas en su universo dogmático, solo buscan hacerme su presa. Libertad, esclavitud, principio, fin.  No existe en su mundo nada que no sean abstracciones. ¿Qué saben del dolor?, qué de un abrazo?, qué de la soledad que desgarra el pecho como zarpazo de leopardo? Sé lo que está bien o mal. Sé de la justicia y la injusticia. Sé de las tumbas olvidadas y de los monumentos vacuos.
Adán viajaba sobre el lomo de un brontosaurio. Nunca existió Eva. Nunca hubo una manzana ni un paraíso. Dios, apenas, fue un sueño del reptil como para que su amigo mitigara sus vacíos. Después, la naturaleza se encargó de enviar una lluvia de meteoritos para eliminar a quien había engendrado el mayor de sus enemigos, pero ya era tarde.
La cáscara de la tierra era la cabeza de Goliat golpeada por la piedra de David. …Y Homero cantando sus canciones y aniquilando millones de vidas que él mismo había creado para justificar su existencia, y el mismo Darwin, creándose a si mismo para exterminar todos los dioses y todos los seres humanos.
Y el pibe ese que me sonríe desde sus cuatro dientes nuevos prometiendo toda una aventura a descubrir pero que, ésta noche, no puedo ni creo tener las ganas suficientes para adivinar.