viernes, 11 de abril de 2014

RATAS EN EL BALDÍO



                                        RATAS EN EL BALDÍO



Dos ratas se amparan de la noche junto al tapial de un baldío. La mirada de una se pierde en la mirada de la otra. La gris cuadruplica el tamaño de la segunda. Parece ser el macho, mas firme, mas recio, mas protector.

Quizás por ello la pequeña, la marrón, la de los ojos redondos y hasta casi dulces, se acurruca contra su pecho buscando un gesto de ternura. La primera, quizás interpretando esa necesidad silenciosa nacida de la minúscula, la acaricia con su hocico, la huele, la lame, la traga de un bocado sin masticarla.

Y llora. Llora, quizás, porque se da cuenta que lo que hizo está mal. Llora, tal vez, porque no hubiera querido proceder tanto por instinto sino mas emocionalmente, o, lo que es peor, llora porque va sintiendo un dolor terrible que crece desde su interior, un dolor que no es vacío, un dolor que es provocado por los dientes de la otra rata que le empieza a devorar el triperío.