lunes, 7 de abril de 2014

LA JAURÍA



                                         LA JAURÍA



A la primera dentellada, su cuello fue la base de lanzamiento de una nave púrpura, de una nave líquida poblada de plaquetas y glóbulos rojos.

Quiso levantar su mano hasta el orificio por donde su pasado y su futuro se escapaban, pero otros colmillos se aferraron a su muñeca para que su destino no se cumpliera.

Brazos, piernas, vísceras, todo él sirvió de cena para la jauría.

Cuando ya solo una mancha roja quedaba de él, los aullidos ensombrecieron, aún mas, la noche. No se sabía si eran de remordimiento, por habérselo devorado, o de reproche, porque su hambre aún no había sido saciada.

Lo cierto es que ninguno de ellos dejó de aullar, ni sus hermanos, ni sus patrones, ni sus padres, ni sus hijos….