domingo, 6 de abril de 2014

ESE PERFUME DE TU VOZ

                                                  ESE PERFUME DE TU VOZ

Cuando ella contestó, él la notó temlorosa. 
Él podía hacerlo, los dos podían. A pesar de que nunca habían estado juntos físicamente. A pesar de que durante todos esos años el teléfono había sido su único nexo, bastaba un silencio, una vocal, una respiración para saber lo que la otra persona estaba pensando en el extremo opuesto de la línea. Pero, en ese momento, le costó entenderlo. 
En millones de oportunidades se habían rozado sus palabras cuando, sin querer, alguno de los dos interrumpía una frase que el otro estaba desarrollando. Entonces, ambos se sonrojaban e intercambiaban mil disculpas que culminaban en risas, pero la última vez que habían hablado, a pesar de que sus mensajes se habían enredado, ninguno se replegó, y el cable fue un estrecho pasillo por donde solo podía pasar una persona a la vez. Sin embargo, allí estaban las palabras de los dos, y las palabras tenían perfume, y las palabras tenían sensaciones, y las palabras tenían sabor. 
Varios meses transcurrieron hasta que él se animó a llamarla nuevamente pero, ahora, el tono de la voz de ella, oscilaba entre lo desconocido y lo maravilloso, y eso lo desconcertaba.
-¿Qué te pasa?- preguntó él.
-Vamos a tener un hijo- contestó ella.