sábado, 5 de abril de 2014

FRUTILLA Y CHOCOLATE



                                  FRUTILLA Y CHOCOLATE



Nunca conocí a un fabricante de helados. Si, a los que trabajan para ellos. Negros de chocolate, rubias de vainilla, pelirrojos de frutilla, pecosos de sambayòn. Algunos con ojos celestes de crema del cielo o marrones, de nueces de crema rusa, pero, eso si, todos frìos, hieràticos, inmutables.

Cuando llega el invierno, nadie ve por las calles, a los que, durante el verano anterior, pusieron en un cucurucho, una, dos, tres bochas de diferentes sabores para nosotros.

En el mismo verano, cuando las heladerìas bajan sus persianas, ninguna persona ajena al gèlido mundo de los paladares frìos, se percata de que ningùn empleado sale de esos establecimientos, todos ignoran que vuelven a sus càmaras frìas, donde se acuestan sobre barras de hielo para descansar hasta el otro dìa, cuando volverán protegidos por sus aires acondicionados, como lo hicieron desde el principio de los tiempos, esperando que el sol se extinga para volver a reinar sobre un planeta cubierto de nieve.