domingo, 30 de marzo de 2014

MILANESAS CON PURÉ






La ví cruzar la calle con su cabello azabache cayéndole sobre los hombros y sentí su perfume suave cuando se acercó hasta mi mesa. Sus ojos redondos y profundos se clavaron en mi cena. -Milanesas con puré- dijo -hace tanto no como milanesas con puré...-.
Me incorporé, le acerqué una silla y la comida y regresé a mi lugar. Había tanta gente en el bar que Paulo ni se dió cuenta. 
Cuando en el plato ya no quedaba resto del banquete, no dijo nada.  Se levantó y se fue. Yo tampoco esperaba comentario.
Al rato, Paulo se aproximó hasta mi mesa y vió, con placer el resultado de sus artes culinarias -¿ricos los ñoquis?- me preguntó con una sonrisa amable.
-Exquisitos- le respondí - traéme otra porción.