lunes, 17 de febrero de 2014

LIBERTIA -CAPÍTULO IV

                                                                   LIBERTIA 
                                                                CAPÍTULO IV

                                                           SOMBRAS, NADA MAS

¿Qué hace una mosca en medio de la noche, en medio de la ciudad? Aquella noche de aquel verano en aquella ciudad, Libertia se lo preguntaba. 
Allá, en su lejano y entrañable chiquero natal, sus padres, hermanas y semejantes, nacían, vivían y morían como moscas. -Ten cuidado con el viento!!!- le había dicho la vieja Graciela mientras relamía sus patas impregnadas de porqueriza. 
-El viento es mi amigo- contestaba Libertia, mientras permitía que la brisa le acariciara las alitas. 
Aún ahora, después de que Eolo la había arrastrado con su soplido fuerte hasta ese lugar desconocido, repleto de monstruos hostiles y horribles, ella sentía que el viento seguía siendo su amigo. 
Era, inclusive, él, el único que sostenía diálogos con ella en ese paraje ignoto y era él, el que le traía noticias de sus seres queridos justo en el instante en que Libertia advirtió la actitud extraña en el hombre que , entre las sombras, era una sombra más. 
Sobre la avenida, el único sol era una lámpara de mercurio que cerraba el extremo de un poste de metal. Bajo su luz y, como buscando protección en su halo, una sombra débil se proyectaba. Frágil, desprotegida, terriblemente distinta a la que Libertia había advertido desde la altura del árbol donde se cobijaba. 
Libertia sintió algo horrible en su pecho mientras era testigo de que lo que había pronosticado estaba por suceder. 
La sombra de la bestia que avanzaba por la oscuridad, se avalanzó sobre la débil sombra que se amparaba en la luz del pequeño sol citadino. 
Ambas sombras se revolvieron sobre el pavimento donde los fenómenos con ruedas pasaban ignorándolo todo. 
Libertia no pudo más. Se arrojó sobre el bárbaro, atacándolo en su rostro, en sus manos, en sus oídos, a lo que la fiera respondía con manotazos, tratando de apartarla de su inmunda tarea, por lo que la mosca debía elevar la altura de su vuelo para lograr distancia entre el atacante y ella.
Fue en ese instante en que Libertia advirtió que una nueva sombra entraba en escena devorando a la suya propia.Una sombra como de lechuza, con  ojos enormes repletos de vacío. Debía huir de allí, ahora, en pos de defender su vida. El pequeño sol, era, SU única salvación y hacia él se encaminó. Pero al avanzar cada vez mas hacia la lámpara,  el espectro alado mutaba de lechuza a águila, de ágila a cóndor, de cóndor a dragón. Libertia sintió que su final se acercaba, se imaginó devorada por las flamas liberadas por la boca del hijo del infierno y en medio de la noche, en medio de la ciudad se escuchó un grito, pero no era su grito, era el aullido desesperado del atacante quien también había sentido la sombra de la gárgola rozar su cuerpo y había huído en afiebrada carrera en pos de su salvación.    
Libertia, sin importarle el peligro, bajó para ver el estado en que se encontraba la muchacha sin advertir que, a medida que se acercaba al suelo, el dragón que había proyectado esa sombra se deshacía en cóndor, el cóndor en águila, el águila en lechuza y la lechuza en mosca.
Libertia posó sus patitas sobre la muchacha acongojada.
-¡¡¡Fuera mosca de mierda!!!, gritó la joven agitando enfurecida sus manos, ahuyentando a su salvadora.
Libertia esquivó los golpes y volvió hasta la misma rama del árbol desde donde había observado el inicio de aquel suceso. 
¿Qué hace una mosca en medio de la noche? se preguntó. 
Un auto pasó disparando la luz de sus faros contra Libertia. 
Sobre otra hoja del árbol, se proyectó la sombra de una mosca que lloraba.