viernes, 7 de febrero de 2014

INSTRUCCIONES PARA SENTARSE EN UNA ESCALERA

                                INSTRUCCIONES PARA SENTARSE EN UNA ESCALERA 
                                                                                                            a Julio Cortázar 

Desde los albores de la humanidad, el hombre há creído, equívocamente, que las escaleras sirven para subir, en el caso de que se esté abajo, o bajar, en el caso de que se esté arriba. Claras y elocuentes son las demostraciones de que ésta teoría es errónea y que tal artefacto no fue creado con ese fin ya que para bajar o subir tan solo se necesita un paso y muchas veces es inútil que se coloque una escalera delante de una persona si ésta no está decidida a dar ese paso. 
¿Cuál es el fin, entonces, para el cual ésta herramienta, imprescindible para la existencia humana, vió la luz?
Las escaleras fueron hechas para pensar. Cuando alguien está cansado luego de transitar kilómetros y kilómetros y necesita un instante de reposo, busca, indefectiblemente, un banco de una plaza, la banqueta de un bar o la saliente de una ventana, nunca una escalera. ¿Por qué?, porque esa persona sabe que si se sienta sobre escalones, una andanada incontable de recuerdos o pensamientos invadirán su mente haciéndole perder su noción de mortalidad, llevándola a lugares y tiempos que, sentado sobre suna silla común, no se atrevería ni remotamente, a explorar. ¿Es acaso casualidad que los coliseos y los antiguos senados tuvieran formas de escalinatas? Los griegos y Romanos sabían de éste secreto y es por eso que, en esos sitios donde la sabiduría y el pensamiento debían privar por sobre lo vanal, la única estructura edilica posible era la de la grada.
Hay un diseño de escalera para cada tipo de pensamiento. Es así como las escaleras de caracol sirven para los pensamientos espiralados, las escaleras empinadas para los pensamientos osados y las escaleras que no conducen a ningún sitio para intentar hallar salidas imposibles. 

Los dueños de los edificios también saben de ésto y es por ello que colocan carteles que prohiben sentarse en sus escaleras. Saben que si ésto sucediera, la gente preferiría los peldaños, donde podrían reflexionar, soñar y ser felices, a las untuosas, onerosas y estúpidas habitaciones donde solo se puede acceder a lo que esas habitaciones son y no a lo que la imaginación nos pueda brindar. 
Hé aquí, también, la causa por la que que cada vez se fabrican mas ascensores, o escaleras mecánicas ( las que cuentan con artilugios secretos que anulan las propiedades de las tradicionales), para que no nos dejemos tentar a sumergirnos en el mundo de ensoñación al que las escaleras nos conducen, sin darse cuenta, que el cordón de una vereda es un peldaño, la expresión mínima de una escalinata, ofreciéndonos su instante de reposo y de frescura a través del cual se puede llegar mas alto que el mas alto de sus edificios.