lunes, 30 de junio de 2014

UN POEMA Y UN DIAMANTE

                                           UN POEMA Y UN DIAMANTE

Cuando él le regaló un poema ella le pidió una flor. 
Cuando él le regaló la flor ella le pidió un perfume. 
Cuando él le regaló el perfume ella le pidió un tapado de visón. 
Cuando él le regaló el tapado de visón ella le pidio un viaje a un lugar paradisíaco. 
Cuando él le regaló el viaje a un lugar paradisíaco ella le pidió un diamante 
Cuando él le regaló el diamante ella le pidió una mansión. 
¿Y con eso fue feliz?. 
¡Por supuesto!!!!.

sábado, 28 de junio de 2014

EL ÚLTIMO CUMPLEAÑOS


                                                   EL ÚLTIMO CUMPLEAÑOS 

-¿Por qué no querés ir?-
-No puedo mami. ¿vos no entendés que ya arreglé con las chicas para salir y no las puedo dejar plantadas?-
-¿Y vos no entendés que hoy tu abuelo cumple ochenta y dos años y puede ser el último cumpleaños que estemos todos juntos?-
-¡Ay, mami, vos siempre la misma tremendista!!. Hace cuatro años que venís diciendo lo mismo- 
La vió cerrar la puerta tras de si y reunirse con sus amigas en la calle, a través de la ventana. 
Abrió la cartera, sacó los estudios que se había estado haciendo y leyó, por enésima vez, el diagnóstico inapelable.

viernes, 27 de junio de 2014

MI OTRO YO



                                            MI OTRO YO





-Maestro!!!- me dijo, y yo me dí vuelta. Ni siquiera advertí que estaba en medio de la calle y que, tranquilamente, me podría haber atropellado un auto, si venía, pero no venía ninguno y me quedé allí, parado, encandilado por su sonrisa, por su mirada, por su felicidad.

Hacía rato que no veía a alguien tan feliz y eso me sedujo. Me tendió la mano. Tenía un arito en una de sus orejas. –Usted no se acuerda de mi- me dijo. Me dio un poco de vergüenza decirle que no. A veces me encuentro con alguien que dice conocerme pero que yo no recuerdo. Entonces lo dejo hablar y escucho y le pregunto sobre su vida y lo dejo marchar sin saber quién era en realidad y qué pedazo de mi vida ocupó, pero con éste era distinto, tenía necesidad de respetarlo, de saber quién era.

-Usted enseñaba a domicilio, nos ayudó a terminar la secundaria a varios mas y a mi, y no nos cobró nunca nada-dijo.

–No, yo nunca hice eso- le respondí.- Soy escritor, pero nunca hice eso-

-Hubiera jurado que era usted- me dijo

–¿no me estará mintiendo, no?-


-No, ¿por qué habría de hacerlo?- le contesté

-así que es escritor, si yo le contara una historia que tengo podría hacer una novela-. Los autos pasaban a nuestro alrededor.

-Yo siempre vengo a este bar por éstas horas, cuando quieras- le dije.

-Obvio maestro, un día paso, ¿cómo se llama?-

-Ramírez, Julián Ramírez- le dije -¿y vos?-

-Córdoba, Ricardo Córdoba, y mi familia es de Córdoba, solamente me hubiera faltado comprar un departamento en calle Córdoba-, respondió.

-Y tener un Seat Córdoba-agregué

Se rió, me dio la mano y se fue.

Hubiera querido gritarle para que se detuviera. Hubiera querido decirle que yo era esa persona que él creía y quería encontrar.

Hubiera querido decirle que ese hombre que había dedicado su tiempo, que es lo mas importante que tenemos, para ayudarle a concretar sus sueños, estaba encerrado dentro de mi cuerpo y de mi historia, pero me quedé ahí, no levanté la mano, no le grité, no hice absolutamente nada. Me quedé en esa esquina, tieso.Feliz y triste. Feliz por haberle traído ese recuerdo que tanto había significado para su vida y triste, porque mi otro yo se había ocupado en construir esa vida que yo hubiera querido para la mía.

miércoles, 25 de junio de 2014

REVISIONISMO



                                              REVISIONISMO



Veinte años después de la muerte del escritor Santiago Gutiérrez De La Puerta, quien, en vida, publicara treinta y dos libros de relatos y, en el año 2025, fuera galardonado con el premio Nóbel de literatura, Rodrigo Vernazza, un joven semiólogo de Tehuantepec, descubrió que el destacado literato había redactado todas sus historias con idéntica cantidad de puntos y de comas. Entusiasmados por el descubrimiento del universitario, académicos de todo el mundo se avocaron al estudio de la obra del talentoso autor, pero fue el filólogo irlandés Edmund O´Connor, quien se percató de que, también, cada cuento contaba con igual cantidad de palabras. De lo que nadie se percató jamás, fue que, De La Puerta, además, había utilizado, para cada una de sus narraciones, los mismos, exactos vocablos, dispuestos en idéntico orden y que lo único que había cambiado en ellas, había sido su título y el nombre del personaje.   

martes, 24 de junio de 2014

LA VERDADERA RAZÓN



                                     LA VERDADERA RAZÓN



-Yo no fui, fue él-, dijo Eva señalando a Adán. –Yo no fui, fue él-, dijo Adán señalando al ángel. –Yo no fui, fue él-, dijo el ángel señalando al arcángel. –Yo no fui, fue él-, dijo el arcángel señalando al demonio. –Yo no fui, fue él-, dijo el demonio señalando a Jehová. –Yo no fui, fue ella- dijo Jehová señalando a la serpiente, que no tenía brazos.

CRUZANDO RODRIGUEZ



                                    CRUZANDO RODRIGUEZ

-Tenés que ir por Ovidio Lagos hasta Ayolas- me dice Horacio.
-A ver si nos entendemos- le contesto, -yo soy vendedor, me entendiste?, ven-de-dor, si te faltó el cadete yo no tengo la culpa-
-No seas mala onda- me dice – yo tampoco tengo la culpa de que el pibe haya faltado, es mas, vos sabés que él tampoco la tiene, en dos años y medio que labura acá no faltó un solo día-
-yo en 17-
-si, ya sé, pero-
-pero qué?, qué soy yo, Súperman que no puedo faltar nunca?-
-no digo eso
-y qué decís entonces?
-Yo solamente te digo que tenemos que mandar ese paquete, si o si, hoy, de lo contrario los de los ventiladores nos cierran la cuenta y, primero, con éste verano no nos podemos dar el lujo de quedarnos sin ventiladores y, segundo, vos sos el único que tiene auto para llegar ahí antes de las cinco-
-Hay taxis-
-Carlitos….-
-¿Dónde queda?-
-Vos vas por Ovidio Lagos hasta Ayolas, ahí doblas a la izquierda dos cuadras –
-Rodríguez-
-Cruzando Rodríguez, ¿que casualidad no?, seguís veinte metros por la vereda de los números pares y…-
-¿cómo se llama el lugar?-
-pará que te termino de explicar-
-¿cómo se llama el lugar?
-Rosario encomiendas, que carácter de mierda nene, tomá, tenés guita para mandarlo?, te estoy preguntando, tenés?.., andá a la puta que te parió-

Me hincha soberanamente las pelotas que me traten como a un boludo, Ovidio Lagos hasta Ayolas, ahí… por qué no se va a la puta que lo parió?, èstos infelices de Alberdi se piensan que Rosario nació en la zona norte. Ni idea tienen. La de sopapos que me dio mi vieja cuando crucé, sin su permiso, Ovidio Lagos. Los pibes se la pasaban yendo a lo de Susana, tomaban mate con las pibas mientras escuchaban a los Bee Gees y yo me enteraba al otro día, mientras los otros lo comentaban en el recreo.
El tráfico está bastante congestionado, tomo por un par de cortadas y en seguida llego.
Estaciono antes de doblar, por la avenida, total, solamente me faltan dos cuadras para llegar a destino y tengo bastante tiempo, tomo el paquete que me dio Horacio, cierro el auto y cruzo la calle.
Hubiera querido que hiciera frío para esconderme dentro de un sobretodo, bufanda y una gorrita tejida, aunque nunca uso, pero hace calor y lo único que tengo para esconderme son las marcas que el tiempo dejó en mi cuerpo, en mi rostro.
Sigo por Ayolas, cruzo Rodríguez y, veinte metros mas al este, como me había dicho Horacio, encuentro el local.
Entrego el paquete y ya casi me retiro airoso del barrio cuando lo veo. El viejo Rodríguez está cruzando la calle. Sin que él me vea, me escondo detrás de la columna de la luz. Algunos vecinos de en frente me observan desconfiados.

Está cambiado. Creo que por lo único que pude identificarlo es por el ceño fruncido.
-¿Qué hacés Rodríguez?, le grita otro anciano desde un balcón, y Rodríguez no contesta, como no contestaba nunca, como, calculo, no lo hará hasta el día de su muerte.
Tiemblo por la idea de que pueda verme pero sé que me protegen sus recuerdos donde todo era malo, todo oscuro, todo insolucionable.
Tengo deseos de quedarme hasta que el viejo pase a mi lado para ver si me reconoce, pero también me da miedo de que lo haga, así que retrocedo una cuadra para tomar una paralela que me aleje de sus pasos.
-¡¡Carlitos!!!- el grito me llega desde la vereda contraria, yo sonrío y levanto la mano esperando que Gustavo, mi vecino de la infancia, se conforme con ellos y siga su camino, pero no, mira si no vienen autos, cruza la calle, interrumpe mi trayectoria-
-¿Qué hacés Carlitos?- me dice mientras me estrecha la mano eufóricamente.Yo le sonrío -¿Los viniste a ver a los viejos?- me pregunta.
-No, le contesto, otro día, hoy no tengo tiempo-
-¿Cómo andás?- insiste.
-Bien- le contesto.
Se queda mirándome –¡¡Carlitos Rodríguez, carajo!!- me dice mientras me da una palmada en el rostro y se va.
Yo lo miro irse, introduzco mi mano en el bolsillo del pantalón. Si, está el comprobante del paquete.
Sigo caminando hacia donde está estacionado el auto y, sin darme cuenta, cruzo Rodríguez.

domingo, 22 de junio de 2014

MUSAS S.A.

                                                             MUSAS S.A. 

No lo vió llegar. Estaba abstraído, devorado por la superficie blanca que, no lo enceguecía, pero, sí, lo encerraba en ese rectángulo que lo atraía como la muerte, sin dejarle ver nada de lo que sucedía a su alrededor. 
Varios días hacían ya en que iba, inútilmente, al bar, a tratar de escribir algún poema o alguna historia que lo salvara un poco de la cotidianeidad. 
De las otras mesas llegaban risas, gritos, conversaciones que nada le provocaban. 
 Cuando él se le acercó con sus cortos años y su corta estatura para dejarle la estampita a cambio de..., fue como si algo le hubiera golpeado de lleno en el pecho, en las sienes, en los sentidos. 
-¿Cómo te llamás?- le preguntó -Gustavo- le contestó en voz baja tal cual su estatura y algo se encendió en sus venas e hizo que su sangre se dilatara y, a través de ese Gustavo, supo de las historias de todos los Gustavos, y a través de ese niño, supo de otros millones de niños y fue su lápiz una bailarina sobre el papel describiendo en sus giros las historias mas increíbles jamás narradas. 
Y, ensimismado, en sus escritos, no pudo ver cuando Gustavo se alejaba en las sombras que los árboles ofrecían, separándolo de las luces de mercurio, mientras sus ropas se transformaban en un vestido de gasa floreado. Mientras el niño metamorfoseaba en una hermosa muchacha de 15 años, mientras marchaba en busca de otra mesa, de otro lápiz, de otra hoja en blanco.