sábado, 31 de mayo de 2014

LA GRAN ILUSIÓN

                                                  LA GRAN ILUSIÓN

Todo el mundo cree en los escritores, y eso es bueno. Pensar que alguien toma su lápiz y enfrenta el abismo de la página en blanco concibiendo magia, horror o belleza, nos hace pensar que éste mundo puede, acaso, llegar a tener una esperanza. 
Lo que nadie sabe (salvo los argumentistas mismos), es que todas las historias, todos los poemas, están escondidos en las láminas nevadas. Solo hace falta saber en qué punto de esa hoja está la llave que abre su universo. Introducir el vértice del grafito o el lapicero, girarlo y esperar a que la carilla se nos abra de par en par develando su misterio. Pero es mejor dejarlo así. Al fin y al cabo la vida es también un gran folio pálido y el hecho de saber que no trazamos el camino sino que dimos con el punto donde está la cerradura secreta, no me parece que haga feliz a nadie.

viernes, 30 de mayo de 2014

EL NÓBEL

                                                          EL NÓBEL 

Marcos Aguilera se sentó, un poco aturdido por los aplausos, apretando, fuertemente, el premio entre sus manos. 
Pensó en sus padres, en sus hermanos, en su pueblo y en su cobardía, sin la cual jamás hubiese perdido a Roxana, sin cuya ausencia, no habría podido escribir ni una sola letra de su obra. 

jueves, 29 de mayo de 2014

EN LA FOTO

                                                           EN LA FOTO

Él arrojó la foto sobre la mesa -Me podés explicar quién es ese que está con vos en ésta foto?-. 
Ella se puso nerviosa.
-Te estoy preguntando algo- agregó él elevando un poco mas la voz.
-¿De dónde la sacaste?- inquirió, ahora, ella. 
-No te imprta de dónde la saqué, contestáme, quién es el que está con vos?-
Ella tomó la foto algo temblorosa, al principio Luego comenzó a reir. 
-No le veo la gracia- dijo él.
-Cómo no me voy a reir- contestó ella -¿no te das cuenta que sos vos?-
Él aferró, nuevamente, la foto y la miró con atención -tenés razón- le dijo-soy un idiota, perdonáme, desde el ángulo en que está tomada parezco otro-
La mujer lo besó largamente y, tomándolo de la mano, lo condujo a la habitación. 
Cuando sus hijos llegaron del colegio encontraron la foto sobre la mesa -che- preguntó Ariel a su hermana -¿vos conocés a la que está con papi en ésta foto?-

miércoles, 28 de mayo de 2014

EL PRISIONERO

                                              EL PRISIONERO



Cuando desperté dentro de ese corazón supe que estaría allí el resto de mis días. De todas maneras, el hecho de permanecer en él, no me desagradaba. Había estado prisionero en otros corazones pero, por amnistías o gracias al buen oficio de mis abogados, la libertad había sido recuperada. Además éste no era un corazón hecho en Taiwan como todos los otros que habían sido mis moradas. Este era un corazón auténtico, obra del trabajo y de la pasión. De la desazón, de la alegría, del desvelo. 
No marco los días que me quedan por vivir aquí, en las paredes. Paso mi tiempo dibujando en ellas, pergeñando frases que luego transcribo al papel, las enrollo y las envío por las arterias y las venas como si éstas fueran tubos neumáticos y recorren todo su cuerpo hasta llegar al cerebro. Yo sé que ella las lee. 
A veces, me quedo apoyado en la membrana que divide una aurícula de un ventrículo y allí paso horas tratando de elaborar un plan de escape que sea lo suficientemente imperfecto para fracasar a su intento. Yo sé que a ella le gustan esas cosas, pero lo que mas disfruto, es acariciar los muros latentes y tibios cuando presagio un sollozo, un miedo o un vacío. Sé que, a pesar de mi tamaño, desde aquí adentro, puedo hacer mucho mas por ella de lo que podría hacer afuera.








martes, 27 de mayo de 2014

¿QUE HACÉS PERUANO?

                                        ¿QUE HACÉS PERUANO?

La luz me encegueció. La lámpara o la suma de lámparas era enorme, gigante, absoluta. Apreté los ojos un momento antes de abrirlos nuevamente para que el daño no fuera tan grande. Atrás se escuchaba un bip bip constante, emanado de una máquina. Un ruido de fuelles que se inflaban y desinflaban, lo acompañaban como en una orquesta de tango que ejecutaba una melodía triste, inapelable. 
El peruano estaba sentado en la cama de al lado. Me sonrió desde su ambo verde. 
-¿Que hacés peruano?- le dije. Él no contestó. 
Lo había conocido allí, en la sala de terapia intensiva hacían unos veinte años, cuando lo iba a visitar al Campi, mi tío, que se había pescado una neumonía de aquellas y que, sumado a los particulares sin filtro y a los imparciales cuando los otros dejaron de existir, se lo habían llevado. 
Lo volví a ver con lo de mi suegro, en un par de oportunidades, porque el viejo era fuerte e iba y volvía de terapia como quien entra y sale de la cocina. 
-¿Que hacés peruano?- le repetí.
En la cama de en frente una viejita se revolvía tratando de encontrar un oxígeno que ya no quería entrar a sus pulmones. 
Dos camas a laderecha una mujer lloraba inconsolablemente sobre el cuerpo, sin vida, de su esposo. 
Dos camas a la izquierda, una ventana pequeña, descascarada, dejaba filtrar la luz de una luna llena capaz de enamorar al mas apático de los hombres. -Estás igual- le dije, y era cierto. 
Los años no habían pasado para él o, al menos, lo habían hecho sin dejar marcas. Si hasta parecía conservar la edad que ostentaba cuando lo cuidaba a Campi. 
Yo iba todas las noches a visitar a mi tío. Al mediodía no podía porque estaba trabajando pero cuando caía el sol trataba de aprovechar los diez minutos de visita que me correspondían, leyéndole un poema de Don Julio Miño, que era el preferido de Campi. Le podría haber interpretado un tema de Orlando Vera Cruz, pero el canto nunca fue lo mío. 
Fue allí cuando el peruano se me acercó por primera vez -¿te gusta la poesía?- me preguntó.

Me quise incorporar en la cama pero me dí cuenta que estaba conectado a un millón de aparatos de donde provenían los sonidos. 
El peruano no cesaba de mirarme ni de sonreir. 


Lo volví a ver años mas tarde, cuando lo de mi suegro. A él no le leía nada porque no le gustaba la literatura. Unos meses antes, cuando no estaba tan mal y yo lo cuidaba por las noches, le pregunté si nunca había leído y él me contestó que si, que la biblia, que hacía unos meses pero no había entendido nada. 

Vallejo le gustaba al peruano... y Ciro Alegría. Era de esas personas con los que uno se podría quedar charlando horas y horas, pero nuestras conversaciones eran tan fugaces como lo p0uede ser la visita a un enfermo que está en terapia. 

De pronto me dí cuenta que me podía incorporar, que si lo hacía los cables a los que estaba conectado se desprendían sin mas. Fue entonces que ví al que estaba en la cama de al lado. Antes, desde la horizontalidad de mi lecho, me había sido imposible. Era el peruano, pero no el peruano como lo había visto hacía un rato. Estaba mas viejo. Intenté decirle unas palabras pero no me entendió, apenas balbuceaba. 
Él, que había dedicado su vida a cuidar a otros, ahora estaba allí, en el lugar de los que, otrora, había acompañado. -¿Que hacés peruano?- le dije y le pasé la mano sobre las canas, pero él no me respondió. Tenía sus ojos legañosos clavados en las luces. 
Le subí las frazadas para que no sintiera frío y le acomodé las almohadas. Después me senté al borde de mi cama y le recité un poema de Vallejo.


sábado, 24 de mayo de 2014

CAMINO A LA ESCUELA

                                               CAMINO A LA ESCUELA 

Cuando llego a la altura del kiosquito de Don Álvarez, ahí, en la calle España, bueno, no exactamente al llegar al Kosquito de Don Álvarez, sino dos casas antes, donde vive el Humberto, el hijo de Doña Rosa, o, de repente, en frente, no en frente en frente del kiosquito de Don Álvarez, tal vez un poquito en diagonal, pero para el lado de mi casa, no para el lado de la escuela, porque el kiosquito de Don Álvarez no está a la mitad exacta del trayecto entre el colegio y mi casa, o mi casa y el colegio, no, a la mitad exacta está la casa de la Mercedes, la morochita de ojos negros enormes que va al tercero B. Lo cierto es que, cuando estoy casi en frente del kiosquito de Don Álvarez, meto la mano en el bolsillo del guardapolvos como para no perder tiempo, porque siempre está lleno el kiosquito de Don Álvarez, con la Mercedes, y el Humberto, y hasta el Ratón, que ya va a quinto y vive a una cuadra y media del kiosquito de Don Álvarez y le queda mas lejos que el kiosquito de la Rosalía, que es mas grande y mas limpio que el kiosquito de Don Álvarez, pero no mas lindo, y por eso van los chicos y hay que tener la plata en la mano porque sino, desde el kiosquito de Don Álvarez se escucha la campana de llegada y hay que salir corriendo sin el alfajor tatín blanco como los bigotes de Don Álvarez, que tiene un kiosquito ahí, justo ahí, en ese lugar donde solamente puede haber un kiosquito.

viernes, 23 de mayo de 2014

DEL ENCUENTRO ENTRE EL GAUCHO Y EL MONSTRUO DE LAS PAMPAS


DEL ENCUENTRO ENTRE EL GAUCHO Y EL MONSTRUO DE LAS PAMPAS




Nada mejor pa’l crestiano
que habitar en la natura,
convivir con esa pura,
sencilla filosofía
que es de la pampa, la cría,
su pilar y su sustento
(si necesito alimento
siempre hay alguno que fía).

Y si a veces, de ignorante
pequé, y eso me da rabia,
pues, si la natura es sabia
y, en ocasiones sotretas,
te lo refriega en la jeta,
yo siempre evito reyertas
y dejo la puerta abierta
porque, aunque diga pavadas,
yo la prefiero agrandada
a que sea natura muerta.

Y, si Ud., acaso piensa
que há conocido el terror
está inmerso en un error,
puede haber visto serpientes
de un puma sentir sus dientes
perderse en la noche negra
o convivir con su suegra
que no hay en la historia gaucha,
que es larga cual guía de chaucha,
un miedo que no te engrupe
como una vez en que supe
toparme con una laucha.

Manaya, monstruo maldito,
terminaba con mi sopa
y, dentre' el medio e’ la ropa
que teniba pa' lavar
la maula empezó a acechar
mirándome como a un opa.

Ahí nomás, como pantera,
de un solo salto, hice pié,
el bufoso manotié,
mostrando con entereza
y, hasta diría, fiereza,
lo que detona el enojo,
y en un impulso de arrojo
me subí arriba e’ la mesa.

Cuarenta días estuve
parapetao' ahí arriba.
Ella, venía como iba,
se paseaba por la casa,
desinfectaba las tazas
que usaba para tomar,
contestaba el celular,
se morfaba hasta los hueso’
y, junando de ex profeso,
fingiendo que no miraba,
de ve’en cuando me tiraba
algún que otro cacho e’queso.

Con el tiempo, le asiguro,
me empezó a simpatizar,
rapidita pa’l andar,
solícita a toda hora,
si tenía computadora
de mouse la empezaba a usar.

Pero siniestra es la vida.
cuando empezaba a tener
como quien dice, un querer
o, acaso, un acercamiento,
pucha, destino grasiento,
mal llevao, ladino, uraño,
la laucha dentró en el caño
donde guardo la alpargata
y ahí nomá’ estiró la pata
lanzando un chillido extraño.

¡¡¡Qué paradoja la vida!!!
lo que podría haber sido
un relato colorido
con algún que otro matiz
y, acaso, un tanto feliz,
fijate, vos, que macana,
al  final Terminé en cana
denunciao' por el green peace.

miércoles, 21 de mayo de 2014

EL ÚLTIMO DILUVIO

                                          EL ÚLTIMO DILUVIO

Cuando, después de los cuatro tsunamis, los dos terremotos y veinte ciclones simultáneos en todo el planeta, los medios universales anunciaron el alerta meteorológico masivo, algunos corrieron a refugiarse en sus casas, otros, huyeron  a las montañas, otros construyeron inmensas naves capaces de resistir una batalla con el mismo neptuno, otros oraron y otros, simplemente, se sentaron a esperar y, como se había pronosticado, la lluvia llegó, una lluvia de una sola gota.
Una única, hermosa, brillante gota atravesó el firmamento y se estrelló contra el suelo, pero, en su trayecto, había sido vista desde Pekín, desde Nueva York, desde Buenos Aire, desde París. 
En los barrios mas populares y los mas desconocidos, en aldeas, pueblos, ciudades, casas aisladas, todos sabían acerca de la llegada de esa gota como el advenimiento de un mesías. 

Cuando la gota estalló contra el suelo volviendo a su origen de oxígeno e hidrógeno, todos comenzaron a llorar, los hombres, las mujeres, los niños, los ancianos, todos se transformaron es cascadas humanas a las que no había dique que pudiera contener. Unos lloraban de espanto porque no sabían lo que esa gota baticinaba, otros, de alegría, al ver que no era mas que una gota y que ella no sería capaz de hacernos daño, otros de tristeza por esa sola gota enviada de emisario de la vida o de la muerte. 
Lo cierto es que cada ser humano lloró y lloró diez minutos, y lloró una hora, y lloró un día, y lloró un mes y la tierra se fue cubriendo del llanto de los hombres y fueron lagos de lágrimas, ríos de lágrimas, mares y océanos de ellas hasta que el planeta fue una masa líquida. 
Cuando las aguas descendieron, todo había quedado obsoleto, las máquinas, las armas, los medios de transporte, las artes, los idiomas, las banderas, los hombres. 

El ser elevó sus ojos desorbitados para tratar de comprender el rugido furioso del cielo.  Una gota de agua se abrazó a su frente para no caer al vacío.
-Ugh!!- dijo el ser, arrastrando el líquido con su mano agrietada sobre su rostro. Mostró la gota a la hembra y a los críos que observaban desde la cueva, sonrió y siguió perforando la tierra con la estaca, para comenzar la siembra.

lunes, 19 de mayo de 2014

LA GRAN BATALLA

                                                LA GRAN BATALLA 

Un hombre debe ser lo que debe ser, se dijo a sí mismo. Un hombre debe ser un hombre, y acarició, con la palma de su mano, la empuñadura de su espada. 
No era un arma común. Los arcángeles habían fundido su acero en las hogueras del infierno y la habían templado en las lagunas estigias. 
Detrás de él, un millar de guerreros golpeaban, enajenados, sus lanzas contra sus escudos, entonando cánticos de guerra que invocaban la fuerza de sus ancestros. 
No esperaban medallas. No esperaban gloria. No esperaban honor. Solo era el hecho de enfrentar a la muerte en todas sus magnitudes y demostrar que nada podía contra ellos, que la eternidad era, apenas, una fracción de segundos en sus existencias. 
La vaina sintió el filo de la espada desenfundando furiosa para cortar el cielo. 
-¡Avancen!!!- gritó con el arma elevada por sobre su cabeza, desventrando el aire, al tiempo que su caballo se lanzaba en loca carrera. Y en loca carrera se lanzaron, despiadados, levantando una polvareda digna de mil millones de equinos descontrolados, dispuestos a seguir hasta las últimas consecuencias a ese hombre, a ese dios de la guerra, contra el acantilado que aguardaba con sus fauces abiertas. 

sábado, 17 de mayo de 2014

EN LO DE LA LORENA

                                                  EN LO DE LA LORENA 

Ya no compro empanadas en lo de la Lorena. Ojo que no tiene nada que ver con lo que pasó esa noche, o si, que se yo. Sé que mucha gente no volvió a ir ni para preguntar precios cuando reabrió, nunca la perdonaron, pero ese no es mi caso. Se equivocó, pagó. ¿Quién soy yo mas que la justicia para andar agrandándole la sentencia?.
Está bien, no tenía derecho, por mas que el Turco haya sido una mala persona. Además, todo es tan relativo. Yo compré empanadas esa noche. Si. Siempre le compraba, eran exquisitas. 
Hacían ya varios días que no se lo veía a él, pero a nadie le importaba, si la que siempre estaba cocinando en la rotisería era la Lorena. Cocinando, vendiendo y cobrando. A él, solamente, se lo veía cuando aparecía para abrirle la registradora y sacarle la guita para irse con el Osvaldo y el Santiago, que todos sabemos en lo que andaban. 

No le quedó otra. No. No le quedó otra mas que soñar, ese fue su pecado. Porque con el tiempo la guita se le fue terminando y lo único que le quedó para rellenar las empanadas fueron sus sueños. 
Eso comimos esa noche, sueños. Sueños salados, sueños dulces, sueños al horno y fritos con grasa, sueños con aceitunas, con y sin huevo duro y hasta algún que otro sueño con pasas de uva. 
Y vos no sabés, no sé si era que hacía mucho que no soñábamos, que jamás nos habíamos atrevido a hacerlo o que los sueños tenían una fuerza tal que se materializaron en nosotros.  Y en la noche esa, el barrio fue una fiesta en la que nos atrevimos a vivir como hacía mucho no lo hacíamos... hasta que llegó el día.
Por eso, si alguna vez te dicen que me fui a comprar empanadas, no me busqués en lo de la Lorena. Ya fue. Por una noche fue suficiente. Debo admitir que hermoso, pero solo por una noche. 
Es como la adolescencia, ¡viste?, hay muchos que dicen, ah, si volviera a tener quince años!!!. ¿Para qué?, ya no soy ese pibe que quería cambiar el mundo, que lloraba y reía como si cada día fuera a ser el último de su vida. Hoy sé que cada día, por lo contrario, es como una pequeña muerte que se nos va metiendo en la sangre de a poco, hasta que, de roja, la sangre se torna negra, porque renegás de ella, pero es tu vida y, si te la cambian, ya no te queda pasado ni futuro. 
Yo sé que, aún hoy, siempre hay alguno que se llega hasta la rotisería y le pregunta si no le queda alguna empanada de las de aquella noche, pero allá ellos. 

martes, 13 de mayo de 2014

ACTO DE AMOR

                                                      
ACTO DE AMOR

Aquella mañana, Gregor Samsa despertó como lo hacía cada día. Miró el reloj. Se incorporó. Se cepilló los dientes antes de darse una ducha. Bebió su café. Escrutó nuevamente el reloj y retornó a su cama. Volvió a acostarse y se quedó así, aguardando a que Frank tomara su pluma.

domingo, 11 de mayo de 2014

EL CHEQUE

                                                     EL CHEQUE

Finalmente lo había conseguido. Enorme y ardua había sido su lucha para lograrlo pero, ahora, solo cinco personas se interponían entre ella y el cajero para que su sueño, al fin, se viera concretado. 
Mientras aguardaba, introducía su mano una y otra vez en la cartera a fin de cerciorarse de que, todavía, estuviera allí. Mientras lo atrapaba entre los dedos mayor y pulgar, pasaba el índice contra la superficie para sentir la textura. Por un momento hasta le pareció que si lo raspaba con la uña saldría perfume a frutillas, como cuando, en el recreo, se juntaban todas a intercambiar aromas de las figuritas esas. 
Se vió reflejada en el ventanal del banco y se descubrió sonriente y hermosa. 

Al recibir el cheque, el cajero lo revisó minuciosamente -no está endosado- le dijo. 
Le había costado conseguirlo. Quién iba a decir que, después de tanto tiempo, él mismo iba a confeccionárselo con su propio puño y letra y no una de sus tontas secretarias -perdón, no me dí cuenta- dijo. Tomó el bolígrafo que estaba unido por un cablecito enrulado a la sopapita adherida al mostrador y estampó su firma y sus datos al dorso del giro.
Una vez reintegrado al empleado, éste movió un par de veces el mouse de su computadora escrutando en su pantalla, levantó el teléfono, habló unas palabras en voz baja y esperó una respuesta. Atrás, la cola de clientes, se había extendido bastante.
Pasaron un par de minutos antes que el bancario colgara. -No tiene fondos suficientes- le pareció escuchar del otro lado de la ventanilla, pero ya se sabe cómo es esto de los agujeros en los vidrios de los bancos, nunca coinciden con la altura del cliente -¿cómo?- le preguntó. 
La voz del muchacho le llegó como ondulante, como un eco, como en esos sueños en que uno no sabe donde termina la realidad y donde comienza lo incomprensible. 
Sintió que las piernas no le pertenecían, que el cuerpo no le pertenecía, que los sueños no le pertenecían, que nada le pertenecía. 
-¿Está bien señorita?- le pareció escuchar del joven mientras se alejaba, hacia la puerta, a tropezones, con el cheque en la mano. 
Al llegar a la vereda volvió a leerlo "Mucho amor" decía. -Que estúpida!!- se dijo. Alguien que le pone valor nominal a algo que es absoluto no solo le está restando significación a ese algo sino que, también, está afirmando su inexistencia. Lo peor de todo era sentir que lo que ella había cobijado en su interior,  había quedado en ese banco, mas precisamente, en esa cuenta corriente, y que nunca le sería devuelto. Volvió a verse reflejada en otro vidrio y ya no se pareció tan bella. -Tal vez tenga razón mamá- pensó - quizás tendría que abrir una pequeña cajita de ahorro - y rompió el cheque en mil pedazos.

martes, 6 de mayo de 2014

MI NOMBRE EN LA MARQUESINA



                           MI NOMBRE EN LA MARQUESINA


                                                                                               A Raúl Astorga 


-Hola, mi negrita, cómo está hoy?-

-Cómo querés que esté, que los chicos, que el trabajo, que la cuenta del teléfono. –a propósito, ¿vos estuviste haciendo llamadas a larga distancia?

-¿Yo?

-Con quién estoy hablando, si, vos, no te hagás el inocente-

-Que yo sepa-

-Hacé memoria, querido, que el aparato no se disca solo-

-Ay,…" querido"…, como estamos hoy!!!-

-Si, como estamos hoy, ¿estuviste o no estuviste haciendo llamadas a larga distancia?-

-Sabés que no me acuerdo-

-Pobre mi vida, ahora, además de los cálculos en los riñones tiene amnesia, bueno, yo te voy a ayudar un poquito, mirá, el número de tu amigote Mario, diez de abril, veinte minutos, Olga, quince de abril, veintinueve minutos con treinta segundos, diecisiete de abril, Carmelo, CINCUENTA Y NUEVE MINUTOS!!!, te das cuenta?, CINCUENTA Y NUEVE MINUTOS!!!-

-Pero, mi amor-

-Pero mi amor, pero mi amor, después sos vos el que pregunta en qué se va la guita, me parece que tendrías que poner, un poquito, los pies sobre la tierra-

-¿Te parece que no los tengo?, diez horas por día me deslomo en esa oficina de porquería para poder traer los mangos roñosos que traigo y vos me decís que no tengo los pies sobre la tierra-.

-Todo lo que vos quieras, pero, cuando estás acá, en lugar de estar escribiendo en la computadorita esa, tiqui que te tiqui, tiqui que te tiqui, podrías prestarle un poco de atención a la casa, mirá el techo como está, cualquier día de éstos se nos cae encima, y la pintura?, parece que fuera una tapera, y la correa de la ventana de la pieza, ¿sabés cuanto hace que no entra luz natural en nuestro dormitorio?, como dos años, alcanzáme la sal de la heladera, ¿querès?-

-¿Qué estás haciendo de rico hoy?-

-No te escapés por la tangente-

-No me escapo, ¿cuándo querés que escriba si no es cuando estoy en casa?, los otros maridos se van a jugar a la pelota, a chupar en el bar o salen de caravana, ¿eso querés que haga, con eso estarías contenta?, dónde está la sal de mierda?

-Ahí, ¿no la vés?, en el segundo estante, y cerrá rápido que se descongela-

-Tomá, vos no me tenés fe, pero algún día, un director de cine va a leer uno de mis guiones y ahí va a estar :basado en la historia de Andrés Ignacio Balcarce, mi nombre, entendés, MI NOMBRE, y vos vas a estar al lado mío, con un vestido negro, con escote en la espalda, hasta la cintura-

Andrés la abrazó por detrás

-Salí, salí que se me queman las papas. ¿Cuánto hace, Andrés, que te vengo escuchando esa sanata?, desde que éramos novios. Y yo te creía, claro, teníamos dieciocho años, pero ya estamos grandes, viejo. Cincuenta y tres años tenemos, me parece que ya es hora de...-

-Los chicos?

-Germán se fue a la casa de tus viejos y Cristina, con el novio, al cine-

-¿Qué iban a ver?

-No sé, una de Darín, me parece-

-Pongo la mesa?-

-Dale, pero mirá que falta un rato todavía-

-No importa, así hago algo, querés ver una peli?-

-Ponelo a Tinelli, así no pensamos-

-Mariano, el hijo de puta, se comprò uno de 29 pulgadas, dice que parece que las imágenes se salieran de la pantalla-

-¿Vos le creès?, ese Mariano habla mas al pedo, también-

Ring, Ring.

-El timbre, Mónica, ¿Vos esperabas a alguien?


-A mi qué me preguntás?, sos vos el que recibe a sus amistades a éstas horas-

-Si, pero,… ¿Quién es…?

-¿Andés Balcarce?

-Si, quién es?

-No abrás la puerta que pueden ser chorros…Uy, la puta que la parió, me salpiqué con aceite-

-¿Quién es?-

-Juan José Campanella-

-¿Quién?

La voz, ahora, se escuchó mas enérgica

-Campanella, Juan José Campanella.

-¿Escuchaste vieja?, Campanella, dice que es Campanella!!!.

-Fijate por la mirilla que son como las diez de la noche-

-Si, si, es él, la llave,¿dónde está la llave?

-Vos cerraste recién, no te acordás donde la pusiste?

-Acá está,...¡¡¡ Maestro!!!, pase, pase-

-Permiso, disculpe la hora-

 -Por favor, dire, pase, pase, siéntese, Moni, vení a saludar a Campanella-

-Dìgame Juan José, hombre-

-Si, eso, vení que está Juan José, Moni-

-Campanella!!!!, mire como me encuentra, si sabía me ponía algo mas acorde. ¿usted sabe que con Andrés vimos como ocho veces “El secreto de sus ojos”, ¡Qué película!!!-

-Moni…-

-Perdón, un vinito don Campanella?

-No, gracias, estoy tratando de dejar el alcohol

-Bueno, disculpe, los dejo solos que se me queman las papas, calculo que se va a quedar a comer…-

-No gracias, estoy algo apurado, usted haga-

-La pucha!!!

-¿Què?

-Digo que, La pucha, usted en mi casa, ésto parece un sueño-

-No es para tanto-

-Pero cómo que no, Don Campa!!!

-Campanella

-Si, disculpe, es que…..

-Linda casa

-Y, está media venida abajo, usted vió, ¿y que lo trae por acá?

-El caballo

-¿qué?

-No, como en Juan Moreyra, se acuerda?

-Ah, si, El caballo

-Mire Balcarce-

-Por favor, Andrés para usted, maestro-

-Está bien, mire, Andrés, hace como nueve meses usted me envió un libreto

-Si, ¿Y?

-Y bueno, la cosa no es tan fácil, usted vió como está la industria del cine. Nadie quiere invertir, los sellos están cerrando, y si uno quiere hacer una película mas o menos digna, tiene que, que se yo, vió, gastarse unos dinerillos. Yo hace como un año y medio que estoy tratando de terminar con una producción que va a dar que hablar, le juro que va a ser un bombazo, pero todo el mundo me recortó los gastos

-Pero usted se ganó el Oscar, hombre-

-Si, ya lo sé, pero esto es así, hoy estás arriba, mañana, quién sabe-

-¿Y?

-¿Y qué?

-¿Qué me quiere decir con todo esto?

Campanella llevó una de sus manos al bolsillo de su saco. Extrajo un revólver y lo depositó sobre la mesa-

-¿Eh, hombre, ¿qué hace?

-Viejo, tiene un arma, viejo!!!-

-Andá a la cocina vos que yo arreglo esto-

-No señora, siéntese acá, al lado de su marido-

-¿Qué pretende Juan José?-

-Mire Balcarce-

-Andrés-

-Perdone, Andrés, como le decía, yo tengo que terminar esa película a como de lugar, el cine es mi vida, sabe?, y yo sé que con lo que saque de la exhibición voy a dar el batacazo-

-Pero Metegol, El secreto de sus ojos, La novia de mi mejor amigo.

-Esa no es mía,

-Perdone, El hijo de la novia quise decir-

-Todo un espejismo, Andrés, a la hora de la repartija los productores se quedan con el gran mordizco. Con ésta en cambio, yo mismo la voy a producir, va a ser distinto, así que,¡¡¡ denme todo lo que tienen!!!

-Pero Don Campa-

-Campanella-

-Si, Juan José, lo entiendo, mire si no lo voy a entender, lo que pasa es que

-¿qué?

-Lo que pasa es que, ayer, pasó Aristarain

-¿Adolfo?

-¿Y qué otro Aristarain conoce?-

-Qué se yo, y qué pasó?

-Y..., dijo que estaba haciendo un corto y que si colaborábamos con él, nos hacía socios, si nos dio un papel firmado y todo, mire, mostrale, vieja, mostrale

-Que hijo de!!!, si hace rato que no filma nada, además, ésto no tiene valor de nada, ¿cómo se dejaron engatuzar así?

-Y, era Aristarain, ¿vió?

-Hay gente para todo..., y bueno-

Campanella sacó un papel doblado de otro bolsillo de su saco. Lo desdobló sobre la mesa. En él, una larga lista de nombres y direcciones se desplegaba. El de Andrés Balcarce ya estaba tachado, le señaló el siguiente en la fila.

-Guillermo Lanaro!!!,¡¡ el Willy!!, ¿Qué pasa con él?, no me va a decir que el libreto de la peli que está filmando es del Willy-

-No, quiero saber cómo llego hasta éste domicilio-

-Y, mire, tiene que salir hasta la avenida, vió esa por la que vino hasta acá?, la San Martín, después le da para el norte, hasta el cuatrocientos, ahí dobla unos trescientos metros hacia la izquierda y, a mitad de cuadra, va a ver un frente sin terminar, el único así por el lado de los números pares –

-Bueno, disculpen, los tengo que dejar-

-¿Ya se va?

-es que, como les dije, estoy medio apurado-

-Tiene razón, perdone, pero, le quería preguntar dos cosas-

-Diga-

-Leyó mi libreto?-

-No, todavía no, pero le juro que va a ser el próximo que lea-

-¿En serio?

-Palabra, y la otra pregunta?

-Mire, con esto de Aristarain, de Adolfo como le dice usted, nos quedamos sin un peso y mañana se vence el teléfono, ¿usted no tendría setenta manguitos para prestarnos?

-A ver…, cincuenta tengo-

-No importa, todo sirve, ya vamos a ver donde conseguimos los otros veinte-

-Bueno gente…, cierro la puerta cuando salgo?

-Por favor-

Ambos se quedaron mirando hacia la entrada.

-¡¡¡Don Campa…, carajo!!!- dijo Andrés

-Campanella- corrigió Mónica.