domingo, 30 de marzo de 2014

MILANESAS CON PURÉ






La ví cruzar la calle con su cabello azabache cayéndole sobre los hombros y sentí su perfume suave cuando se acercó hasta mi mesa. Sus ojos redondos y profundos se clavaron en mi cena. -Milanesas con puré- dijo -hace tanto no como milanesas con puré...-.
Me incorporé, le acerqué una silla y la comida y regresé a mi lugar. Había tanta gente en el bar que Paulo ni se dió cuenta. 
Cuando en el plato ya no quedaba resto del banquete, no dijo nada.  Se levantó y se fue. Yo tampoco esperaba comentario.
Al rato, Paulo se aproximó hasta mi mesa y vió, con placer el resultado de sus artes culinarias -¿ricos los ñoquis?- me preguntó con una sonrisa amable.
-Exquisitos- le respondí - traéme otra porción. 


miércoles, 26 de marzo de 2014

EL ÚLTIMO SELLO

                                                             EL ÚLTIMO SELLO

Cuando el primer cuño fue destruído, los vampiros cubrieron la noche devorando hasta la luz de la luna. Eso hasta que, al fracturarse la segunda compuerta, los licántropos brotaron del fondo de la tierra para darles batalla y ambas naturalezas lidiaron en enfrentamientos tan feroces que arrastraron a la desaparición a sus especies.
Lo de los muertos vivientes, apenas fue un atizbo de lo que podía ser el espanto. Los ingénuos pensaron que las balas y las bombas podían ocuparse de exterminar toda amenaza.
Fue por ocuparse de los otros precintos que los guardianes descuidaron el último sello.
Antes de que pudieran darse cuenta, los ojos furiosos, las garras siniestras, las bocas babeantes de los imbéciles, de los soberbios, de los envidiosos, emergieron, sometiendo al planeta.

domingo, 9 de marzo de 2014

REVELACIÔN

                                                        REVELACIÔN

Dios no existe. Lo sê porque êl me lo hâ dicho.

viernes, 7 de marzo de 2014

JESÚS VALDÉZ

                                                                 JESÚS VALDÉZ 


-Sabés que si no me ayudás ésta vez, no te la vas a llevar de arriba- .
Jesús Valdéz apuntaba con su revólver oxidado a la imagen que colgaba de la cruz de la única iglesia de Santa Clara del Cobre.
-Sabés que mis hijos tienen hambre, que ya no recuerdo cuándo fué la última vez que le llevé una flor a mi Tamara, que mis viejos tienen frío y yo ni un leño puedo arrimarles después de que ellos me han dao` la vida. Los dos pesos que conseguí después de muchos días, se los hé jugao` a ese número que vos sabés que es mi última esperanza, así que si fuistes de nuevo cruel conmigo, ésta vez, también yo voy a ser cruel con vos-. 

Cuando Jesús Valdéz se marchó, el monaguillo, que había estado escuchando detrás de la imagen, arrastró cruz y crucificado, buscando un refugio, hasta donde mas podían sus fuerzas. Se quedó agazapado, expectante. 
-¡¡Te lo dije!!!- escuchó, al rato, gritar a Valdéz enfurecido- y vos, en lugar de ayudarme, te escondés como una sabandija-.
Hubo un sollozo al principio, después, un llanto fuerte, desesperado, y un aullido, un aullido como nunca se había escuchado en Santa Clara del Cobre. 
Tal vez por ese alarido, el muchacho no pudo oir el ruido del arma amartillándose, apuntando a la propia sien de Jesús Valdéz. El rugido del trueno trajo la lluvia roja. 
El acólito no pudo reaccionar cuando el surtidor bermejo salpicó su rostro. Ni si quiera cuando comprobó que esa sangre no provenía de donde él pensaba, sino de la imagen que él estaba protegiendo y, cuya testa, estallara, como lo había hecho el cráneo de  Jesús Valdéz.

lunes, 3 de marzo de 2014

LA SANGRE

                                                                 LA SANGRE 

Ya en sus últimos momentos pensó en su sangre. Esa sangre que lo había impulsado en cada acto, en cada pensamiento, en cada instante de su vida. Esa sangre que sabía mas de él que él mismo y que, ahora, sentía como se secaba en sus arterias, tornándose espesa y pesada. Lenta, como sus movimientos. Ajada, como su piel. Terca, como algunas de sus últimas decisiones. 
El poco oxígeno que guardaban sus glóbulos rojos decidió instalarse en su cerebro. Era inútil tratar de irrigar sus piernas, como cuando le ayudaba a ir a su encuentro. Como cuando se desplazaban a sus ojos para lograr esa estimulación, que nunca era suficiente para permitirle verla en toda su magnitud, hermosa, perfecta, indescifrable. 
Después, como una amiga comprensiva, su sangre se deslizaba por sus canales secretos hasta el corazón y, desde allí, se disparaba, cual fuegos artificiales, hacia sus manos, hacia sus labios, hacia cada una de las partes de su cuerpo que ella requería de él para ser feliz. 
Notó que sus párpados le pesaban pero no le reprochó nada . Sintió una gota roja, corriendo, solidaria, hasta su lacrimal y se estremeció cuando ella, toda, lo envolvió en un abrazo interior, intenso pero tierno, antes de enviar dos chispas, una a cada extremo de los labios. Sonrió, y se quedó dormido.

EL CREADOR

                                                           
                                                               EL CREADOR 



Esa noche descubrió que si deseaba que lloviera con la adecuada intensidad, la lluvia acudía... y descubrió las montañas que había anhelado brotando de la llanura..., y los mares inundando los desiertos y se los ofreció a ella, y ella amó sus mares, amó sus montañas y sus lluvias y todo lo que, para ella, él había creado, pero no pudo amarlo a él.