domingo, 6 de octubre de 2013

EL RECOLECTOR DE SUEÑOS

                                       EL RECOLECTOR DE SUEÑOS 

Suelo despertar en las madrugadas y verlo con sus pupilas amarillas y su pequeña bolsa de colores, escrutándome de palmo a palmo. Cuando mis párpados intentan levantarse, él los baja con sus dedos suaves, alargados, y yo vuelvo a sumergirme en el continente de Morfeo. 
Como el ratón de los dientes, él recoge mis sueños pero no deja nada a cambio debajo de la almohada. 
Generalmente deshecha los faltos de creatividad arrojándolos al pozo profundo de la noche, pero, cuando algo lo conmueve, lo introduce en su saco para extraerlo cuando necesita mitigar una pesadilla o, en el mejor de los casos, puede llegar a convertirlo en realidad.

SENDEROS DE OJOS AZULES

                                                      SENDEROS DE OJOS AZULES 

Cuando se encontró con su muerte, se sintió algo sorprendido. 
Existe la creencia popular de que hay una única y absoluta muerte para todos. Algunos la imaginan cadavérica y espantosa. Otros, digna de un almanaque de Play Boy. Otros, los menos, con la apariencia de un ama de casa. Lo que no muchos saben es que, así como hay una vida para cada uno, existe una muerte asignada a cada humano, a cada animal, a cada planta, a cada ser viviente. 
Hay muertes del tamaño de una montaña, acordes a la vida de sus dueños y muertes delgadas como un cabello que, por lo general, son asignadas a aquellos que no se hicieron acreedores al mote de ser viviente (humano, animal o vegetal).
Sin embargo, no se puede negar que, a veces hasta la eternidad es injusta y se pueden hallar, en el limbo, a tiranos, banqueros y asesinos acompañados de muertes maravillosas y a juglares, vendedores de flores y filántropos, ladeados por parcas realmente deleznables.


Pero no se le puede endilgar a las muertes culpa alguna. 
No cualquiera puede llegar a recibirse de muerte. Para ello hay que estudiar con los grandes maestros, entrenarse para una eternidad y, principalmente, aprender que no todas las muertes son afortunadas y, quizás, les toque alguien no acorde a su manera de ser, para compartir lo que les resta de existencia hasta el día del juicio final. 
Algunas muertes, cansadas de su trabajo, abandonan sus tareas en pos de caminos que les deparen mejor ventura. Es cuando sucede ésto que pueden verse muertos vivientes, vampiros, zombies u otras formas,que, nosotros, ignorantes, suponemos no naturales, pero que solo responden a las necesidades de éstas deidades desencantadas con su fortuna. 
Manuel Antuña se sorprendió en el momento en que su muerte le tomó la mano, al ver que ella era una niña de ojos azules y profundos y trenzas doradas como el trigo. 
Y Manuel vaga, vaga por los pasillos de la eternidad sonriente, aferrado fuertemente a la diestra de su parca, degustando, a cada paso, eso que , en vida, nunca le fue dado.