domingo, 18 de agosto de 2013

MORITURI SALUTANT

                                                       
                                                  MORITURI SALUTANT

Y murió. Minutos antes, semanas antes, meses y años antes había vidido. 
Se había dado cuenta de ello y, como era muy perspicaz, también supo que esa mañana moriría y le alegró el hecho de dejar éste mundo de día, con la luz del sol filtrándose a través de la ventana, calentándole el rostro y otorgándole un halo angelical mayor al que lo había acompañado en su existencia. 
Murió con una sonrisa en los labios, como siempre había deseado que fuese su muerte. No como si se estuviera burlando de la parca. El sabía que ella no hacía mas que cumplir con su trabajo, como lo había hecho él cada jornada antes de recibir la medalla con su nombre, de parte de los dueños de la fábrica, el día en que se jubiló, como lo había hecho Noelia, que no pudo jubilarse de ama de casa porque siguió planchando sus camisas y cocinando los mejores guisos de lenteja para él, al que le gustaban tanto. Hacían diez años que ella se había ido y él ya no quiso probar guiso de lenteja alguno a sabiendas que no tendrían el mismo sabor. Diez años que la peste se la había llevado, como se había llevado a sus hermanos, como se había llevado a la Romi y al Mario con apenas ocho y cinco años. Como se había llevado a los albañiles, a los empresarios, a los cantantes y equilibristas. Como se había llevado a los justos y a los injustos. Como se había llevado a los buenos y a los malos. 
Hacía ya tiempo solo el sonido del viento era su única compañía. 
No canales de televisión, no emisoras de radio. 
Escuchó un único tema grabado en su pen drive hasta que la última batería que había conseguido se agotó. Un tema de los beatles era. No recordaba si del disco negro o del disco blanco. Se imaginó cruzando por la senda peatonal como si fuera el quinto Beatle. No delante de ellos, no detrás de ellos, en el medio, como si fuera parte del grupo. Ni guitarrista ni bajista, el teclado. 
Se recordó mucho tiempo mas atrás aporreando el piano comprado por sus padres para que su hermana se negara a ir al exámen final para obtener su título. También media hora antes, "Rosebud", había llegado hasta su mente. ¿Cuál es el recuerdo que un hombre se lleva en el momento previo a cruzar la laguna estigia?. 

Pero él no era cualquier hombre. Las calles estaban vacías. Los edificios estaban vacíos. Los cines, los estadios de fútbol y los hoteles estaban vacíos. 
Y murió. Murió con el dolor desgarrándole las entrañas por ese cáncer que lo acompañaba desde hacían ya quince años pero que, extrañamente, lo habían convertido en la única persona inmune a la pesqte que había devorado la población del planeta. 
Así que se fue así, como debía ser. 
El, el último habitante de un mundo repleto de defectos y virtudes, de sueños y de realidades, de desazones y promesas, soportando los dolores que le provocaban la enfermedad y la soledad, se puso de pie y así ,aferrado como podía a una pared que se negaba a brindarle su apoyo,  recordó todos los momentos, los suyos y los de los otros, todos los sonidos, todas las melodías, todos los besos, todos los adioses y los recuerdos que le fueron posibles,  porque él no era un hombre común, era el último espécimen de la raza humana y, la única manera posible de recibir a la muerte, era esa.