jueves, 15 de agosto de 2013

BUENAS NOCHES SR. FREUD

                                        BUENAS NOCHES SR. FREUD 

Cuando mi mano se apoyó sobre su blusa, ella respondió con una cachetada. 
Yo sabía cuál sería su reacción, pero no podía morirme sin experimentar esa sensación mas allá de las consecuencias. 
Al otro día, a la hora del descanso de la oficina y, cuando todos se fueron a almorzar, ella llevó su mano  a mi entrepierna, a lo que yo le respondí con una bofetada. 
Con el tiempo nos hicimos grandes amigos. 
A la salida del trabajo, íbamos a su casa o a la mía. 

Ella se desnudaba para mi o yo para ella. Jamás nos tocábamos. 
Mas tarde, cuando uno realizaba tal acto, el otro se masturbaba para el otro, o viceversa. 
Un día, uno de los dos renunció al empleo, no recuerdo si ella o yo. 
Por un tiempo, nos llamamos por teléfono para obsequiarnos autosatisfacción compartida. Después, vino un tiempo de silencio. 
Cierta tarde nos cruzamos por la calle. Ella y yo teníamos pareja. Caminamos por la peatonal, tomamos un café e hicimos el amor. 
Al otro día, la llamé a su trabajo. Ell me trató fríamente y me cortó. 
A la semana, fue ella la que llamó a mi casa. Ambos estábamos solos. Nos llevamos hasta el paroxismo. 
Jamás volvimos a encontrarnos, pero no pasa una sola noche sin que nos llamemos por teléfono.