miércoles, 13 de noviembre de 2013

EL HOMBRE QUE ME MIRA

                                 EL HOMBRE QUE ME MIRA 

El tipo me mira. Lo hace de manera persistente. No es una mirada mala, como la de quien busca pelea, pero no por eso deja de incomodarme. Una botella de Quilmes reposa sobre su mesa. Le acompaña un vaso de esos de bar, como debe ser. No fuma. Es la primera vez que lo veo en el sitio, siendo que vengo asiduamente y, no obstante, me parece que lo conociera desde siempre. 
Bebe de a sorbos. No puedo evitar dirigirle mi mirada por momentos y, cada vez que lo hago, me encuentro con sus ojos escrutándome. Pienso que, quizás, no sea a mi a quien observa sino al espacio que ocupo. Lo llamo a Paulo, le digo que, si no le molesta, cambio de mesa. No le cuento por qué, pero él accede sin objeción alguna. 
Mi teoría es incorrecta. El hombre sigue con sus ojos claros, profundos, clavados en mi persona, no parpadea, no se mueve. 
De pronto veo dos lágrimas surcando su rostro. Algo me intriga de él, no puedo pensar, no puedo moverme. Los párpados del hombre se cierran, veo que los aprieta y puedo sentir mis huesos, mi piel, mi carne, mi historia, desvaneciéndose en el aire hasta que desaparezco por completo. 

lunes, 11 de noviembre de 2013

NOCIÓN DE VALOR

                                                           NOCIÓN DE VALOR

Usaba billetes de distintas denominaciones como señaladores. Lo hacía relacionando el valor del papel moneda de manera directamente proporcional al efecto que la frase, a la cual el símbolo remitía, había causado en su ser. Un billete, una boya, un faro, un mojón. 
Cierta noche, al regresar a su departamento, se encontró con la puerta abierta. Casi todas las cosas estaban en su lugar, salvo los libros donde los señaladores habían cumplido su misión. 
Los textos estaban depositados en varias pilas sobre la mesa del living, solo que les habían sido arrancadas las hojas en las que los billetes habían servido de señaladores, los cuales, estaban acomodados, prolijamente, al lado de los primeros. .

miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿SABEN LOS GRANDES?

     ¿ SABEN LOS GRANDES?

¿Saben los grandes que adentro de una rosa
hay una casa de alquiler de mariposas?
¿Que al monstruo que duerme en mi ropero
Le da vergüenza si le digo que lo quiero?
¿Qué los marcianos que viven en la luna
no son mas grandes que un carozo de aceituna?
¿Saben los grandes, tal vez, que las ballenas
son colectivos donde viajan las sirenas?
¿o que los duendes siempre hallan la manera
para encender la luz de la heladera?
Puede enseñarme que diez mas diez son veinte
Pero prefiero vagar eternamente
Por esos mundos con magos y con hadas
Porque los grandes, señor, no saben nada.

MIS OVEJAS

MIS OVEJAS

Siempre sueño con ovejas
Que pasean por las nubes
Y, cuando viene el pastor,
En lugar de bajar, suben.

Que, además, usan bufanda
Porque tienen mucho frío
Pero cuando hace calor
Se van a bañar al río.

Yo, a veces, suelo decirles
Que quisiera ser su dueño
Pero ellas me contestan
Que son ovejas de sueños

Y, por ser de sueños, son
Algo que ha deseado alguno
Ay, ovejitas de todos,
Ay, ovejas de ninguno

Ellas son muy amistosas
y, en sueños de chocolate
Con el lobo de los sueños
Se sientan a tomar mate

Eligen el sueño al que entran
Sueños de hule y alquitrán
Si es sueño lindo, se quedan
Si es pesadilla, se van.

Todos cuentan ovejitas
Si el dormir no llega a puerto
Yo sueño con mis ovejas
Para quedarme despierto.