domingo 23 de octubre de 2011

505

505

Realmente no podía dormir. Una cosa es cuando una decide por propia
cuenta no hacerlo pero cuando las circunstancias te obligan a una
única situación, entonces...
No era nada nuevo, las fiestas en el salón de la esquina eran bastante
asiduas por ese entonces. Cumbias, chamames, a veces rock and rolles,
hacían que mi temperamento se tornara realmente irascible. ¿Por qué
nadie festejaba sus acontecimientos familiares o no familiares con

Mozart, Hendel o Beethoven?. Para colmo de males solo me quedaban tres
cigarrillos en el paquete y salir a esa hora en busca de un kiosco
abierto era una empresa mas ardua que llegar a la luna en carabela.
Quién sería el homenajeado ésta noche?. Algo me golpeó en el pecho
cuando me asomé por entre las rendijas de la perciana.
Los autos que suelen acudir a esas reuniones son, por lo general,
además de último modelo, portadores de símbolos que remiten a las
mejores fábricas automotrices. Y allí, entre mercedes benz, Toyotas y
bmws, un peugeot 505 se debatía por atraer la atención de alguno de

los transeúntes que, por allí, pudiera pasar.
La piel se me puso como de gallina.
Un 505 beige, calculo que modelo 82 u 83, tal como el me había dicho
que tenía, descansaba frente a mi domicilio.
El corazón comenzó a bombear como lo hacía cada vez que hablábamos por
teléfono. Miré hacia un lado, hacia el otro, solo el cuidadoches
contaba las chirolas que iba recaudando.
Fuí hasta el patio como para que el aire fresco me despejara un poco.
Encendí uno de los tres cigarrillos. Si los sabía administrar me
podrían durar hasta que me quedara dormida.
Una canción de rodrigo me llegaba desde el salón, fuí hasta la compactera
y puse un disco de Telemman como para aturdirme pero era inútil,
Rodrigo había decidido que esa era su noche y no iba a permitir que
ningún Telemman, por mas europeo que fuera, se la arruinara.
¿y si era él?. No, no podía ser, y menos un sábado por la
noche. Eran 450 km. Que le iba a decir a su esposa?, Es mas,
seguramente habría ido al cine a ver el estreno de la de Woody Allen
con ella y en éste momento estarían disfrutando de una pizza mientras
comentarían la película.
Aplasté el cigarrillo con furia contra el suelo y fuí nuevamente hasta
la ventana. El auto seguía allí.
Me acosté, me levanté, fuí hasta la ventana, fuí hasta el patio, fuí
hasta la ventana, apagué la compactera, fuí hasta la ventana.
A eso de las 4.30 de la madrugada Rodrigo se fué a descansar
llevándose los mercedes, los bmw, los invitados y el 505.
A pesar del cansancio me costó bastante conciliar el sueño.
Cuando sonó el timbre, eran aproximadamene las
6.30 de la mañana. Cubrí mi cabeza con la sábana. El sueño y el odio pesaban demasiado como para tener deseos de levantarme a ver quien era.
El timbre volvió a sonar, y a sonar, y a sonar. Como una autómata me dirigí hasta las rendijas de la ventana. En el mismo sitio donde, antes,estaba el 505, había otro exactamente igual.