-No me puede pedir eso-.
-Tuteáme si querés, estamos en confianza-.
-Como sea, no me podés pedir eso-.
-¿Por qué no? Fuiste vos el que me llamaste, fuiste vos el de tus inseguridades-. -Totalmente de acuerdo, lo reconozco, pero eso que me pide, que me pedís, es de una crueldad absoluta-.
Mefistófeles se echó hacia atrás en su mullido sillón y comenzó a reír.
–Realmente sos gracioso Ernesto, muy gracioso-, se incorporó y pa
sando medio cuerpo por sobre el escritorio lo tomó de las solapas del saco con ambas manos espetándole, con su aliento a azufre, en el rostro -¿por quién me tomaste, idiota?, ¿por qué te pensás que te voy a hacer fáciles las cosas, porque sos lindo, porque sos bueno, porque en la primaria tenías las mejores calificaciones?, yo no soy cruel Ernesto-, lo soltó y volvió a acomodarse en su sitio.
–Como te decía, yo no soy cruel, o “el cruel”, si así lo preferís, la vida es cruel, la vida es injusta, a veces hasta deleznable. Yo simplemente te propongo que elijas, como tal vez hubieras tenido que elegir en algún momento de tu vida si ésta entrevista que- el diablo levantó sus manos moviendo los dedos índice y mayor como encerrando su discurso entre unas comillas imaginarias – vos concertaste. Yo solo vengo a ofrecerte la solución a uno de tus deseos, no puedo resolverte toda la vida. En todo caso, hubieras sido más paciente y con un par de oraciones al lado de la cama, 24 horas al día, en 14 o 15 años, si no te vencía la artrosis, en una de esas alguna de tus necesidades resultaba satisfecha, pero vos sos demasiado ansioso, nene, demasiado ansioso-.
El diablo encendió un habano y Ernesto recibió una bocanada de humo en su rostro.
-No te hagás ilusiones- dijo Satán –no te voy a hacer ninguna proposición indecorosa, nada mas tenés que elegir, el amor de ella o ser el autor del más bello poema de todos los tiempos, no se puede tener todo en ésta vida-.
Ernesto se pasó los dedos entre los cabellos transpirados -¿uno u otro?- preguntó.
-Uno u otro- contestó el demonio.
-Tuteáme si querés, estamos en confianza-.
-Como sea, no me podés pedir eso-.
-¿Por qué no? Fuiste vos el que me llamaste, fuiste vos el de tus inseguridades-. -Totalmente de acuerdo, lo reconozco, pero eso que me pide, que me pedís, es de una crueldad absoluta-.
Mefistófeles se echó hacia atrás en su mullido sillón y comenzó a reír.
–Realmente sos gracioso Ernesto, muy gracioso-, se incorporó y pa
sando medio cuerpo por sobre el escritorio lo tomó de las solapas del saco con ambas manos espetándole, con su aliento a azufre, en el rostro -¿por quién me tomaste, idiota?, ¿por qué te pensás que te voy a hacer fáciles las cosas, porque sos lindo, porque sos bueno, porque en la primaria tenías las mejores calificaciones?, yo no soy cruel Ernesto-, lo soltó y volvió a acomodarse en su sitio.–Como te decía, yo no soy cruel, o “el cruel”, si así lo preferís, la vida es cruel, la vida es injusta, a veces hasta deleznable. Yo simplemente te propongo que elijas, como tal vez hubieras tenido que elegir en algún momento de tu vida si ésta entrevista que- el diablo levantó sus manos moviendo los dedos índice y mayor como encerrando su discurso entre unas comillas imaginarias – vos concertaste. Yo solo vengo a ofrecerte la solución a uno de tus deseos, no puedo resolverte toda la vida. En todo caso, hubieras sido más paciente y con un par de oraciones al lado de la cama, 24 horas al día, en 14 o 15 años, si no te vencía la artrosis, en una de esas alguna de tus necesidades resultaba satisfecha, pero vos sos demasiado ansioso, nene, demasiado ansioso-.
El diablo encendió un habano y Ernesto recibió una bocanada de humo en su rostro.
-No te hagás ilusiones- dijo Satán –no te voy a hacer ninguna proposición indecorosa, nada mas tenés que elegir, el amor de ella o ser el autor del más bello poema de todos los tiempos, no se puede tener todo en ésta vida-.
Ernesto se pasó los dedos entre los cabellos transpirados -¿uno u otro?- preguntó.
-Uno u otro- contestó el demonio.
Cuando Ernesto despertó a la mañana siguiente no recordaba cómo había culminado la entrevista. ¿Qué había contestado?
Lo supo cuando al girar en la cama encontró el cuerpo. Estaba hermosa.
Le acarició el cabello y ella le dio su mirada, y le dio su boca, y le dio su deseo.
Varias horas después Ernesto volvió a despertarse.
Se incorporó despacio para no molestarla. Fue hasta la mesa del comedor, se sentó en una de las sillas – tal vez todo había sido una pesadilla- se dijo- pero ella no cabía en una pesadilla, a pesar de no saber cómo y por qué estaba allí-. Sobre la mesa había una hoja y un lápiz. Tomó el último y lo usó, y la hoja sangró vida, y sangró pasión y sangró belleza.
Cuando terminó de escribir, en el papel estaba el poema más bello jamás escrito.
-¿Qué hice?- se dijo a sí mismo –vendí mi alma, me condené a una eternidad de sufrimientos y martirios sin confiar en mí mismo, y ahora, el poema más bello está escrito pero la eternidad me espera sin ella, que duerme ignorante de lo acontecido-.
Y sufrió. Sufrió en silencio porque una eternidad sin ella sería el mismo infierno, sin saber que a ese mismo infierno iría ella, que le había vendido el alma al diablo para que Ernesto, el amor de su vida, pudiera escribir el poema más bello de todos los tiempos.

4 comentarios:
En mi primer programa de este ciclo en La Gran Rosario, tehe leído, difunfido y agrgado en mi face, Nerina Thomas.
me pareció maravilloso, buen´simo, muy bien escrito con un final inesperado y excelenete.
Te felicito.
Claudio, vecino.
Nerina, sinceramente mil gracias por tenerme siempre en cuenta para tusa excelentes programas
un abrazo
Me hace poner colorado don Claudio
Gracias y saludos
Ale, vecino
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